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RC Deportes

Memorias del 68… La evolución negativa y una final negra

AP

PARA QUE QUEDE CLARO

 

EDGAR VALERO BERROSPE

Ahora que hemos encontrado suficientes motivos para recordar momentos culminantes en la historia de los Juegos Olímpicos de México 1968, bien vale la pena echar un vistazo a la primera final donde participaron ocho hombres de raza negra y donde un récord del mundo con un tiempo superior eclipsó a uno que en teoría era inferior, todo ocurrió el 14 de octubre de ese 1968, por eso, antes de que la fecha pierda significado he querido recordarlo.

Ya la historia de Bob Hayes, el campeón olímpico y plusmarquista mundial de los 100 metros en Tokio 64 (donde también fue parte del relevo 4X100 que igual impuso récord mundial) formaba parte del anecdotario, sabiendo que había firmado y jugaba ya su cuarto año de nueve en que lo hizo, con los Vaqueros de Dallas, en ruta a convertirse en el primer y único deportista de la historia en ganar una medalla olímpica de oro (bueno, dos), y un Superbowl cuando los Cowboys derrotaron a los Delfines de Miami en enero de 1972, tras perder el del año anterior ante los Potros de Baltimore.

Y México era un gran enigma, donde se esperaba que se rompiera la marca de los 10 segundos por vez primera en unos Juegos Olímpicos, lo que finalmente sucedió, aunque durante las eliminatorias olímpicas de Estados Unidos, James “Jim” Hines registró un tiempo manual de 9.9 segundos el 20 de junio de aquel 1968. Ese tiempo fue registrado con un cronómetro manual y con viento a favor de 9.8 metros por segundo. En la final del selectivo fue derrotado por su compatriota Charles Greene quien lo había vencido en otras siete ocasiones y que obtuvo también su boleto a los Juegos Olímpicos que se celebrarían poco menos de cuatro meses después.

La prueba reina del atletismo fue complicada en la capital mexicana, donde se dio el hecho de que, por primera vez, alguien con marca de 10.2 segundos fuera eliminado, el alemán del Este Heinz Erbstösser que no avanzó a las semifinales. Los norteamericanos por su parte mostraron su poderío en todo momento, Michael Greene registró diez segundos flat en sus dos competencias, y Jim Hines igualó la marca en las semifinales, a donde tampoco calificó el cubano Hermes Ramírez quien sí había logrado los 10 segundos en la segunda ronda.

Por cierto, que Hérmes Ramírez trataba de lograr lo que su compatriota Enrique Figuerola (no Figueroa), el “Bólido de Santiago, había hecho cuatro años antes: ganar una medalla olímpica en los 100 metros. Figuerola se había convertido en el primer medallista cubano después de la Revolución Cubana al obtener la plata en Tokio, atrás de Bob Hayes y fue el primer deportista cubano en obtener además una medalla en pruebas de velocidad de pista en el atletismo. El que sí calificó a la final mexicana fue su compatriota Pablo Montes.

Los Juegos Olímpicos de México 68, vieron además la primera final de la historia de los 100 metros con sólo hombres de raza negra: James Hines, Charles Greene y el capitán de la Armada Melvin Pender de Estados Unidos, Lenox Miller de Jamaica, Pablo Montes de Cuba, Roger Bambuck de Francia, Harry Jerome de Canadá y Jean-Louis Ravelomanatsoa de ¡Madagascar!…

Antes de la competencia, el récord mundial vigente se le acreditaba a Hines con 9.90 con registro manual y la prueba final fue una pelea entre los tres norteamericanos, de entre quienes el general Pender de 30 años había tomado la ventaja en los 50 metros, pero 20 después fue “cazado” por Greene y Hines, y con un sprint final en a 10 metros de la meta, finalmente Hines sacó un metro de distancia a Greene quien se descorazonó y aflojó tanto para que el jamaicano Miller le robara la plata. Miller, por cierto, estudiaba en la Universidad del Sur de California y competía por esa casa de estudios en torneos nacionales de Estados Unidos.

Costó un poco de trabajo entender lo que pasó en la final. Según el cronometraje en la pantalla del estadio, Hines marcó 9.89, pero el tiempo con el cronómetro electrónico que por vez primera se ocupaba en unos Juegos Olímpicos fue de 9.95, y la corrección se debió a que el 9.89 fue marcado por la interrupción de un haz de luz en la meta. El tiempo oficial ocupaba fotografía de película que al ser revelada reflejó el tiempo oficial y fue éste el que fue homologado como récord mundial, ya con centésimas de segundo, y puesto por debajo del 9.90 manual que incluía la reacción del juez en la salida y la precisión del juez en la llegada, y que se había cronometrado en las eliminatorias norteamericanas.

Valga la pena decir que “oficialmente” Hines fue el primer hombre en correr los 100 metros en menos de 10 segundos y su récord permaneció 15 años hasta que previo al Mundial de Helsinki en 1983, el norteamericano Calvin Smith registró 9.93 en Colorado Springs, Estados Unidos.

Esas razones provocaron que, en la progresión del récord mundial de los 100 metros, el 9.95 de Hines en México 68, haya aparecido justo después del 9.90 que él mismo impuso antes de los Juegos Olímpicos, es decir, una progresión negativa.,

Para los Juegos de Múnich 72, cuando ganó la “Saeta Rubia” de Ucrania, representando a la URSS, Valeriy Borzov, ya el display indicaba como récord olímpico y mundial el 9.95 de Jim Hines. Un paréntesis para decir que la desorganización de los Juegos del 72 estuvo a punto de dejarlo fuera en los cuartos de final, pues le fue entregada mal la hora de la competencia, pero por suerte estaba durmiendo en el estadio y llegó a tiempo para la prueba.

Por cierto, que sus medallas fueron robadas en su casa de Houston, pero pudo recuperarlas después de publicar un anuncio en el periódico pidiendo que las devolvieran, lo cual ocurrió semanas después cuando llegaron a su casa en un sobre sin remitente.

Hines, como su predecesor en calidad de campeón olímpico, firmó un contrato para jugar con los Delfines de Miami apenas cuatro días después de su victoria. Su paso en la NFL fue breve y tan malo, que alguna vez fue rankeado como el décimo peor jugador de la historia en la esa liga.