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RC Deportes

El escándalo ruso-británico

AP

Refleja la compleja “moral” de los países.

 

El Gobierno de Gran Bretaña impide a la Familia Real acudir al Mundial de Rusia por el incidente del intento de homicidio de un ex espía, algo mucho menor que la muerte de un millón de personas por la invasión soviética a Afganistán en 1980.

El Reino Unido participo en pleno en los Juegos Olímpicos de Moscú donde se coronaron campeones olímpicos Sebastian Coe, Steve Ovett, Daley Thompson y Allan Wells.

El amanecer del lunes 24 de diciembre de 1979 parecía no ser tan diferente en las calles desoladas de Kabul, la capital de Afganistán, que vivía en medio de una lucha interna. Sin embargo, con el correr de las horas, sobrevivientes a los acontecimientos de esa jornada, aseguraban que había un ambiente extraño.

Las fuerzas leales tanto al Partido Popular como al Partido Nacionalista, ambos, surgidos como escisiones del Partido Popular Democrático, se habían mantenido en una extraña quietud, algo poco común desde la caída del presidente Mohamad Daud Khan nueve meses antes en un golpe de estado y se habían reunido y estrechado sus lazos con la Unión Soviética con poco apoyo popular.

Conforme se aproximaba la medianoche, Kabul se vio el comienzo de una invasión perpetrada, cuando la noche se aproximaba, por casi 200 aviones de transporte militar y más de 25 mil soldados, provenientes de tres divisiones del ejército de la Unión Soviética.

El pretexto argumentado por el presidente soviético Leonid Brézhnev, fue respaldar al gobierno comunista del país en su lucha contra las facciones musulmanas anticomunistas.

Esta invasión provocó en un periodo de nueve años, tiempo que duro la invasión y la guerra en Afganistán, que perdieran la vida más de un millón de civiles, más de 90 mil combatientes Muyajidines, cerca de 20 mil soldados afganos y más de 15 mil soviéticos, pero para 1982, dos años después de la embestida ordenada por Brezhnev, más de 2.8 millones de personas se habían refugiado en Pakistán y otros 1.5 millones fueron a Irán.

Las guerrillas musulmanas respaldadas militarmente por Estados Unidos fueron capaces de controlar a los MIG´s soviéticos con baterías anti aéreas desde comunidades rurales, mientras Pakistán servía como ruta de comunicación y extender la resistencia durante los siguientes nueve años.

BOICOT. Este terrible acontecimiento provocó que Estados Unidos comandara un boicot que redujo a sólo 80 naciones participantes el número de inscritos para los Juegos Olímpicos de Moscú, la primera y única vez que, una superpotencia comunista, la máxima, organizó la máxima fiesta deportiva de la humanidad.

Las formas y las razones de Jimmy Carter, presidente de los Estados Unidos y sus formas políticas, causaron que muchas naciones decidieran no asistir como la República Federal de Alemania, Canadá, China, Japón, y muchos de Asía, África, Europa, Centro y Sudamérica, aunque muchos de los aliados naturales de los norteamericanos como Gran Bretaña, Francia, España, la India, Italia, Dinamarca, Australia y Suiza, decidieron participar, unos con la bandera del Comité Olímpico Internacional o la de su propio Comité Olímpico Nacional.

GRAN BRETAÑA. No es un secreto que el Reino Unido y Estados Unidos fueron más que aliados y obtuvieron beneficios enormes tras su victoria con los Aliados en la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, Gran Bretaña envió 219 atletas para participar en 145 eventos de 14 disciplinas deportivas, desoyendo a los norteamericanos en su intención de boicotear los Juegos en represalia por la invasión soviética en Afganistán.

El Gobierno Británico, eso sí, permitió sus atletas decidir si querían acudir o no a Moscú, y la gran mayoría optó por presentarse. La condicionante fue que se emplearía la bandera del COI y no la del Reino Unido en caso de que hubiera victorias británicas, algo que sucedió en cinco ocasiones, proclamándose campeones olímpicos cuatro de los mejores deportistas de la historia del atletismo, Allan Wells en los 100 metros planos, Steve Ovett en los 800 metros, Sebastian Coe en los 1500 y Daley Thompson en el decatlón, siendo éste último, reconocido como uno de los más grandes deportistas de todos los tiempos en cualquier disciplina.

Gran Bretaña no sólo no acompañó a los norteamericanos en su propuesta, sino que además, al enviar a sus atletas ignorando el sentimiento de paz, un reclamo de Estados Unidos que no tenía ninguna relación directa con las tensiones políticas de la Guerra Fría, sino con la exigencia de que los Soviéticos salieran de una nación que pretendía ser independiente, no alineada, y que en los primeros meses de la invasión ya había cobrado decenas de miles de muertos y desplazados, aún antes de que hubieran iniciado los Juegos Olímpicos el 19 de Julio de aquel 1980.

DOBLE MORAL. A las exigencias norteamericanas, enmarcadas y exaltadas por sus tensiones con la Unión Soviética que además, comenzaba a declinar paulatinamente en su poderío, el Gobierno Británico no se sumó.

La connotación política del lugar donde fue la invasión y que Pakistán, un ex dominio del Imperio Británico, hubiera intervenido a favor de Estados Unidos y las guerrillas musulmanas, no sensibilizó al gobierno de la Primera Ministra Margaret Thatcher, quien esperó casi dos años antes de visitar Pakistán atreviéndose a cruzar la frontera con Afganistán luego de visitar los campos de refugiados donde vivían cientos de miles de personas.

Hay reportes de la revista Time en esa época que señalan que la “Dama de Hierro” ejerció una política que cayó “en el lado equivocado de la historia”. Ahora mismo cuando Gran Bretaña reclama el intento de asesinato de un espía ruso que decidió venderse a los servicios de inteligencia británica, parece absurdo que esta sea una razón para evitar que la Familia Real y sus miembros o integrantes del gobierno del Reino Unido, vayan a Rusia con motivo de la Copa Mundial de la FIFA.

Y EL DEPORTE. Toda esa neblina política que ensombreció al mundo también eclipsó e impidió que la deslumbrante brillantez de dos de los mejores atletas de la historia como Steve Ovett y Sebastian Coe, rankeados entre los diez mejores medio fondistas de todos los tiempos y quienes mantenían una trepidante batalla por la supremacía en sus pruebas, no fueran celebrados como merecían.

Lo mismo sucedió con el último hombre de raza blanca capaz de coronarse campeón olímpico de los 100 metros planos, el escocés Allan Wells, quien además perdió por sólo 2 centésimas de segundo ante otro histórico del atletismo mundial, el italiano Pietro Menea.

Finalmente, la cuarta y relumbrante estrella británica, Daley Thompson, se dio el lujo de coronarse campeón olímpico en las dos ediciones boicoteadas de los Juegos Olímpicos, pues se impuso en el Decatlón tanto en Moscú 80 como en Los Ángeles 1984, todo dentro de una impresionante racha de 9 años invicto entre 1979 y 1987.