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RC Deportes

El “Canelo”, el Premio Nacional del Deporte y la ignorancia se van de fiesta…

AP

PARA QUE QUEDE CLARO

EDGAR VALERO BERROSPE

El Premio Nacional de Deportes, o Premio Nacional del Deporte como durante muchos años lo hemos llamado, es el más alto honor al que puede aspirar un deportista mexicano y es conferido por el Gobierno de la República. El diploma que reciben quienes se hacen acreedores a este reconocimiento, viene firmado por el Presidente de México y trae impreso el escudo de la República. Es un privilegio recibirlo, aunque a veces algunos dirigentes involucrados en las designaciones lo hayan abaratado. Además, los ganadores lo reciben de manos del máximo mandatario de nuestra nación, aunque también, a veces esto no haya sucedido por diferentes razones…. Pero…

Pero pareciera que hay a quienes no les importa realmente y toman a la ligera la gran oportunidad que representa participar como jurado calificador y elector de los deportistas que lo reciben. Por eso se me erizaron los cabellos cuando ví que Saúl “Canelo” Álvarez había sido designado para recibirlo, luego de un proceso y una votación en la que participaron periodistas de larga trayectoria, unos más famosos que otros, pero que tienen la obligación de actuar de manera responsable y entender los alcances de sus sugerencias y/o puntos de vista.

El doping es el cáncer del deporte. La Agencia Mundial Antidopaje y mucha gente en todo el mundo trabaja y se esfuerza diariamente por ganar la feroz batalla que se libra entre los que quieren la legalidad y que el deporte siga siendo honorable y transparente y esas bandas casi delincuenciales que pretenden tomar ventajas de forma ilegal para ganar.

El mundo en el que vive Saúl Álvarez es como una especie de mundo “guajiro” donde el deporte es lo menos importante, porque se trata de ganar dinero, cada vez más y a costa de lo que sea mientras siga ingresando. Sus dirigentes han pasado a ser sus “sirvientes” quienes le complacen todo lo que pide a costa de no perder el negocio de su vida.

Por eso cuando se “enganchó” en una guerra de declaraciones con el entonces campeón mundial de peso medio, Gennady Golovkin, y tratando de probar que estaba “más limpio” que si se hubiera bañado con “Maestro Limpio”, se le hizo fácil, porque en su mundo es así, truena los dedos y todo sucede con dinero, pedir que le hicieran un examen antidoping y en cuanto obtuvo el resultado y se enteró de que había dado positivo, sin mediar un consejo de nadie, porque además no acepta consejos de nadie si es que alguno de sus “achichincles” se hubiera atrevido a “desdecirlo”, pidió que le hicieran otro.

El problema es que el resultado de esos exámenes fue a parar a donde debía, la Agencia Mundial Antidopaje, que tiene la obligación de actuar en consecuencia. Ese acto fue reportar a las autoridades de la Comisión Atlética de Nevada que Álvarez había dado positivo y que, además, era reincidente, pues en un segundo examen también resultó estar dopado con clembuterol. Sí, esa sustancia que es muy famosa entre los ganaderos mexicanos y que tiene contaminada casi toda la carne que se produce en el país a pesar de que las autoridades sanitarias de la Secretaria de Salud traten de decir lo contrario.

En el Mundial Sub-17 del 2010 en México, más de 100 futbolistas dieron positivo a esa sustancia dejando en evidencia las mentiras del supuesto control que ejerce la SS en el país. Álvarez consumió carne contaminada de manera irresponsable sin ocuparse de su alimentación con un compromiso muy importante a la vista y más irresponsablemente pidió que le hicieran el primer examen y terriblemente irresponsable luego, pidió que le hicieran el segundo para probar “que estaba limpio”.

El chistecito provocó que su pelea del 5 de mayo fuera cancelada y que recibiera una suspensión de seis meses por parte de las autoridades de Nevada que simplemente interpretaron la ley. Una ley que es bien clara como argumenta también la Agencia Mundial Antidopaje, la WADA no averigua porqué o cómo entraron las sustancias dopantes en el cuerpo del deportista. Simplemente las encuentran y dependiendo las cantidades actúan y sancionan. Álvarez tenía clembuterol en su cuerpo y aunque yo mismo dije en esta columna que creía que el peleador jalisciense podía ser soberbio, hablador, irresponsable y/o muchas otras cosas, pero que yo no creía que fuera tramposo. Eso sólo lo sabe él…

Pero, después de la suspensión de seis meses y de ganar de forma polémica su única pelea del año, resulta que el jurado calificador del Premio Nacional del Deporte decidió que era “el mejor deportista profesional del año en México”, con todo y clembuterol y una victoria que dejó insatisfecha a más de la mitad de los aficionados al boxeo que hay en nuestro país.

Y el mensaje que comunican con su irresponsable decisión es que “si eres deportista dópate y no pasa nada, es más, hasta vas a recibir un premio de manos del Presidente de la República y un diploma que trae el escudo de nuestro país”.

Sí Álvarez tiene un poco de dignidad, si es de verdad, como dice, quiere a este país y quiere ser un ejemplo para nuestra juventud, lo mejor que podría hacer, es renunciar a un reconocimiento que él sabe mejor que nadie que no se merece.

Y que si la ignorancia de los miembros del jurado alcanzó el nivel de, a su vez, ignorar este vergonzoso acontecimiento, él, Saúl Álvarez, debería por una vez en su vida ser humilde y entender que lo único que haría si acepta el Premio, será avergonzar más al deporte de este país, ya tan vilipendiado con la decisión de la Cámara de Diputados de nombrar al actor y cantante Ernesto Vargas Contreras (alias Ernesto D´Alessio), titular de la Comisión del Deporte de éste órgano legislativo y al que aquí le dejo una segunda asignatura, después de modificar la Ley del Deporte, tendrá que trabajar en una nueva Ley que impida que sucedan estos indignantes capítulos que atentan contra la poca moral y pocas buenas costumbres que aún quedan en México.

Me queda todavía por entender, ¿por qué la Federación Mexicana de Kick Boxing propuso al “Canelo”? en vez de que lo hubiera hecho, por tratarse de deporte profesional, por ejemplo, el Consejo Mundial de Boxeo. Eso sí, por cierto también, me gustaría entender porque Mauricio Sulaimán, presidente del organismo, no merecía recibir el premio a su trayectoria después de haber continuado de forma extraordinaria el trabajo de su legendario padre, don José Sulaimán…

¡Qué poca vergüenza!, ¡qué tristeza, pobre deporte mexicano!…