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RC Deportes

La muerte anunciada del Tiburón

Cuartoscuro

Renato González – @renato14gc

En los últimos años, el naufragio del tiburón por las costas jarochas había entrado en una fase terminal. Desde que en 2013 la administración del priista Javier Duarte cedió en comodato a Fidel Kuri los derechos de uso del estadio y de la marca del club, los excesos y el oscurantismo fueron recurrentes en la gestión del equipo. De forma burda y sin escatimar recursos, un dueño con aires de cacique y un gobierno cómplice utilizaron la histórica franquicia como una herramienta política y electoral, sirviendo a los intereses de una pequeña élite local, política y empresarial.

La abrupta salida de Javier Duarte del gobierno de Veracruz en 2016, envuelto en un escandaloso número de casos de corrupción, dejó huérfanos a los tiburones de Kuri, entonces diputado local por el PRI. La inmediata abolición de los arreglos informales que durante años beneficiaron al equipo, incluidos el flujo de recursos estatales y de la omisión en el impago de impuestos, fueron motivos suficientes para amagar con la mudanza de la franquicia a otro estado. Para ese entonces, era posible sembrar la duda razonable sobre la ilegalidad del trato con el cual el gobierno cedió el equipo local al empresario. ¿Era Kuri un prestanombres del gobierno de Duarte? Una práctica usual, pero no por ello menos despreciable en nuestro lastimoso y arcaico fútbol mexicano.

Entonces llegó el abandono. Un equipo dejado a su propia suerte. El tiburón comenzó a errar en el campeonato mexicano como una especie en peligro extinción. Sin rumbo fijo y desdentado, no quedaban fuerzas ni recursos para aguantar la lucha por la supervivencia en el máximo circuito nacional. A costa del dolor de la afición y la vergüenza deportiva de los futbolistas, los tiburones fueron de a poco convirtiéndose en el adefesio del torneo. El equipo que glorificó el mítico Luis de la Fuente, aquel que nació con la luna de plata y con alma de pirata, hoy deshonra su memoria y castiga a los escualos con su quinto descenso, igualando al Zacatepec como el equipo que más veces ha perdido la categoría en la historia de nuestro balompié.

No hay análisis técnico ni táctico que explique el descenso del Veracruz sin omitir las causas estructurales de su propia desaparición.

No hay análisis técnico ni táctico que explique el descenso del Veracruz sin omitir las causas estructurales de su propia desaparición. El fin de la gran noche neoliberal, aquella caracterizada por gobiernos corruptos que entregaron el patrimonio a empresarios deshonestos y sanguijuelas del poder, parece haber arribado al puerto cobrando una víctima más. El tiburón viciado que por años se alimentó de los favores del Estado ha quedado a la deriva, a la espera de su muerte definitiva.

Desde las profundidades del mar del Golfo, la afición veracruzana esperará el rescate de su equipo a través de una nueva maniobra reglamentaria que les permita seguir teniendo fútbol de primera división. Dicho mecanismo seguramente llegará a cristalizarse, pero con la imborrable sospecha de ilegalidad y deshonra deportiva. Mientras tanto, el pesar del descenso y la derrota invadirán las costas veracruzanas como la espuma que arroja en sus playas las olas del mar; un mar escarlata por la sangre derramada del tiburón rojo.