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RC Deportes

El término que necesitamos entender

¿Qué tienen en común los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, la Copa del Mundo de Italia 1934, la de Argentina en 1978, Rusia 2018 y próximamente Qatar 2022?

 

Sencillo: todos han sido eventos deportivos utilizados por regímenes corruptos o tiranos en busca de mejorar su reputación. Ya existe, por lo menos en inglés, un término para esto acuñado por el diccionario de Oxford recientemente: Sportswashing, definido como apropiación engañosa, no sincera y oportunista del deporte. Es literalmente un lavado de reputación a conveniencia y si bien el término es nuevo, la práctica no lo es.

“Pan y circo” para el pueblo, ¿les suena?

Es aquella práctica que existe desde la época del imperio romano para distraer a las masas. “Es el acto de aquellos que cometen graves abusos a los derechos humanos utilizando el deporte para ocultar sus graves violaciones a los derechos humanos” diría el director de Human Rights Watch, Minky Worden. Es aprovecharse del respeto que muchas estrellas del deporte o clubes se han ganado asociándose con ellos y por lo mismo, ahora que entendemos el concepto, lo primero que nos viene a la mente fuera de justas deportivas son por supuesto los casos del Manchester City y del Paris St Germain, propiedad de los más poderosos de Abu Dhabi y Qatar.

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Foto: The Guardian

Entendamos un poco más a fondo la telaraña de poderes que rigen el futbol de la más alta categoría y cómo casi todos los entes están relacionados entre sí. Es el diario The Guardian quien mejor lo describe en su artículo sobre Sportswashing; además de ser dueños del PSG, Qatar patrocina al Bayern Munich y a la Roma, y tiene un proyecto de fundación con el Real Madrid. Los Merengues son patrocinados por la aerolínea de los Emiratos Árabes Unidos, lo que nos lleva de regreso al City de Guardiola, que le pertenece a uno de los emiratos Abu Dhabi.

El Schalke es patrocinado por Gazprom, compañía del gobierno ruso, que está en guerra (en Syria) con Qatar, una nación bloqueada por Arabia Saudita, Egipto, Bahréin y los Emiratos Árabes Unidos, incluido Dubai que es socio financiero del Manchester United. En medio de todo esto surge un personaje como Nasser al-Khelaifi, en efecto, aquel que se llevó a Neymar al PSG. Miembro del comité ejecutivo de la UEFA, es también chairman de BeIn Sports, que paga a la UEFA por los derechos de transmisión de la Champions. A su vez, el organismo rector de la confederación europea investiga al PSG por el Fair Play Financiero, equipo del que es presidente.

Fue en noviembre pasado que Amnistía Internacional acusó a los dueños del Manchester city de Abu Dhabi de realizar esta práctica para mejorar la imagen de su nación, inyectándole dinero al club de la Premier League que -al igual que el actual campeón de la liga francesa- ha hecho malabares en los últimos años para engañar las normas del FPF, inflando los patrocinios de sus millonarias naciones dueñas y compañías como Arabtec, empresa de construcción que ha sido denunciada por el trato a sus trabajadores migrantes.

Se trata de dinero, política, poder y la gloria queda como ingrediente extra porque la FIFA -por supuesto- no ha hecho nada para evitar que esta práctica sea parte del balompié y la sociedad hoy en día. ¿La afición? Se sabe que solo en Alemania seguidores del Bayern se quejaron de la relación con Qatar, mientras que los del Schalke reprobaron la relación con Gazprom, sin embargo, en Reino Unido ha sido casi nula la presión y es que son los segundos exportadores de armas de Arabia Saudita.