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RC Deportes

Lobos BUAP, una historia para no repetir en la Liga MX

Por: Omar Rodríguez

Lo que mal inicia, por lo general, mal acaba.

Y la relación entre Mario Mendívil y la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla está concluyendo con el peor escenario: una disputa legal tras la venta de la franquicia de Lobos BUAP a Juárez.

El fin de esta relación se anticipaba desde que el empresario Mario Mendívil, ajeno al medio futbolístico, se acercó a la BUAP para ofrecer el pago de 120 millones de pesos para evitar el descenso deportivo del equipo, el cual se presentó justo al término del año debut de los licántropos en el máximo circuito.

Este pago le permitió a la BUAP tener presencia mediática con un equipo de Liga MX que llevó su nombre y su imagen, pero que ya no operaba, pues el control y las decisiones rápidamente pasaron a tener el sello de Mendívil.

Después de un año de altibajos, pero con el descenso esquivado en buena parte gracias a la labor de Juan Francisco Palencia en la dirección técnica, inició la operación compra-venta de Lobos BUAP.

Desde el interior de la universidad se calificaba de sorpresiva esta operación, aunque tan mala era la relación entre Mendívil y la BUAP que prácticamente después del cambio de administración, nulo diálogo existió entre ambas partes.

Sin embargo, resulta complicado creer que la máxima casa de estudios en Puebla y su rector, Alfonso Esparza Ortiz desconocieran las intenciones de Mario Mendívil, pues es un reconocido empresario de Puebla que, como sucede con los hombres de negocios que compran una empresa en quiebra para mejorarla y transferirla, tomó a Lobos BUAP para fortalecerlo en la medida de sus posibilidades, salvarlo del descenso y, posteriormente, venderlo a empresarios con ánimos de llevar futbol de Primera División a su estado.

UN PROYECTO DESVIRTUADO

Lobos BUAP surgió a mediados de los noventa cuando José Doger, entonces rector, les solicitó a los ex futbolistas Paúl Moreno y Gustavo Moscoso un proyecto para desarrollar el futbol en la universidad.

El proyecto Lobos BUAP, además del tema deportivo y su función social por tratarse de una institución de educación, tenía como objetivo mejorar la imagen de la BUAP, que en aquella época estaba golpeada por conflictos originados por algunos grupos pandilleriles que se encontraban al interior de la institución.

Pero al ingresar al profesionalismo, el proyecto de desarrollar estudiantes-deportistas dio un cambio radical.

Los primeros torneos se jugaron con futbolistas de origen universitario, pero temporadas después aparecieron los promotores y con ellos un ir y venir de futbolistas, también un importante flujo de dinero, que no es negativo cuando proviene de un ente privado, pero que sí es cuestionable cuando tiene relación con una universidad pública, aunque ésta tenga la ayuda de un patronato que asuma los gastos operativos.

El ascenso a la entonces llamada Primera División nunca interesó demasiado en la BUAP hasta que, en enero de 2012, se reinauguró el estadio Universitario, esto en una celebración presidida por Rafael Moreno Valle y Enrique Agüera Ibáñez, entonces gobernador de Puebla y rector, respectivamente.

Esta inauguración, a la que también acudió Decio de María, quien fungía como secretario general de la Federación Mexicana de Futbol, funcionó para mejorar el nombre y  la marca de Lobos BUAP, un equipo grisáceo y que poco espacio mediático ocupaba fuera de Puebla.

El inmueble, que fue construido por una empresa perteneciente a la familia López Chargoy, otrora propietaria del Club Puebla, y que entre 2018 y 2019 lució prácticamente vacío con La Manada ya instalada en la Liga MX, obtuvo el primer lugar nacional y tercero internacional del Premio Obras Cemex 2012, en la categoría de Edificación Educativa y Cultural.

Por supuesto que la inauguración funcionó para mejorar el nombre de Lobos, pero también para que su entonces rector tuviera mayor presencia mediática, pues cabe recordar que poco más de un año después fue nombrado candidato a la Presidencia Municipal de Puebla por el Partido Revolucionario Institucional.

¿Coincidencia?

FIN DE LOBOS

Esta semana será la última a la que se presenten a trabajar en el estadio Universitario BUAP quienes fungieron como parte del personal administrativo y una vez que cierren la puerta de sus oficinas, terminará también cualquier rastro de que ahí habitó La Manada.

Y es que mientras el estadio Universitario va tomando semejanza a un solitario elefante blanco, los verdes campos aledaños al inmueble se perciben sin vida porque de pronto ya no hay quien entrene para afrontar un compromiso de la Liga MX, porque el equipo femenil se extinguió y porque el equipo de Tercera División, el único que podría mantener el futbol profesional en la universidad, todo apunta a que no pertenece a la BUAP, pues sería una franquicia rentada.

Así que Lobos BUAP será recordado más por ser un equipo problemático, un equipo sin recursos, el que implementó el “boteo” y la “cooperacha” para subsistir, el que compró un lugar en la Liga MX y el que siempre, por una u otra cosa, dio de qué hablar por temas ajenos a la cancha.

El caso de Lobos BUAP debe ser estudiado y con base en la forma en que el equipo terminó, la Liga MX debe analizar la implementación de una reglamentación que evite que universidades públicas sin patronatos fuertes y sólidos a nivel económico y deportivo, ingresen al futbol profesional porque en este ámbito el deporte pierde su esencia para dar paso a un sentido netamente mercantil.