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Ultiminio, la tragedia del boxeo

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El bravo peleador cubano se entregó al Creador apenas hace un par de días, vivió 54 años con las imágenes de Davey Moore colgado en las cuerdas, “Fue el Destino, fue el designio de Dios”, decía Bob Dylan en su canción, Ramos lo supo, lo aceptó, pero nunca lo olvidó…

Apenas acaba de concluir su pelea en el Estadio Chávez Ravine, el famoso Dodger Stadium de Los Angeles aquel 21 de Marzo de 1963. Sentado en el vestidor al borde la banquita, estaba el pequeño acorazado Davey Moore. Tenía amoratado el ojo izquierdo, no parecía demasiado para haber bajado del ring después de una brutal pelea donde perdió su campeonato mundial de peso pluma ante el cubano-mexicano Ultiminio Ramos… Expatriado le decían al de Matanzas nacido el 2 de diciembre de 1941.

La pelea estaba pactada a 15 asaltos, pero justo al finalizar el noveno asalto y luego de recibir un brutal gancho a la mandíbula se quedó colgado y recibía la cuenta cuando sonó la campana, Willie Ketchum, el manager de Moore le pidió al réferi que detuviera el combate apenas sonaba la campana del décimo.

Esa noche de sábado, Moore se mantenía diciendo que buscaría la revancha para recuperar su campeonato del mundo, “no fui la mejor versión mía” decía a los reporteros que habían entrado al camerino.

En cuanto tuvieron suficiente, los periodistas se fueron a presenciar la siguiente pelea de campeonato del mundo entre el filipino Roberto Cruz y Raymundo “Batling” Torres de México por el campeonato mundial de peso welter. No había comenzado aún la pelea cuando se esparció el rumor, luego el hecho lapidario, Moore se había llevado las manos a la cabeza, en la nuca y se había quejado de un intenso dolor. Pronto se desvaneció a la bendita inconciencia. Una ambulancia fue llamada de urgencia y se lo llevaron al White Memorial Hospital en Los Angeles.

El lunes, cuando habían pasado 75 horas, Moore falleció sin haber recuperado la conciencia. Era el segundo campeón mundial que perdía la vida en ese maldito y trágico año de 1963. Apenas unos meses antes, el cubano Bennie “Kid” Paret había sido acribillado en el ring por Emile Griffith estando de por medio el campeonato mundial de peso medio, y un golpe más, sólo uno, le arrebato la lucidez primero, la fuerza después y finalmente la vida al bravo peleador isleño en el mismísimo Madison Square Garden de Nueva York.

El entonces gobernador de California Pat Brown ya había llamado a la abolición del boxeo luego de un accidente que había dejado en estado de coma a otro boxeador y nuevamente se hizo presente para pedir que fuera detenido esa “barbarie de espectáculo”.

En Europa, el encabezado de un diario llamaba la muerte del norteamericano como “La última víctima de la mafia del boxeo”, al tiempo que el “L´Osservatore Romano” en el Vaticano llamaba al boxeo algo “moralmente ilícito” e incluso el Papa Juan XXIII dijo que se trataba de un espectáculo “contrario a los principios naturales”.

Como una casualidad, el hombre que había desatado la polémica esa noche, Griffith, enfrentaba a otro cubano, Luis Manuel Rodríguez por el campeonato del mundo de peso welter y unos 26 mil aficionados colmaron el estadio de beisbol, en su mayoría mexicanos y cubanos que se hicieron presentes con bongós, maracas, tambores, cornetas, apoyando a sus compatriotas que sumaron tres victorias, pues tanto Ultiminio como Luis Manuel y Battling salieron con la mano en alto.

Pero la pelea de la noche era entre Moore y Ultiminio, el norteamericano había sido un campeón extraordinario, pero el cubano llegó con 21 años de edad y un récord impresionante de 40 victorias y un empate, con 30 nocauts. Cuatro años antes había noqueado a José “el Tigre” Blanco en La Habana y este murió a consecuencia de los golpes que recibió.

Fue una pelea trepidante, hasta brutal y sí, en el límite de la barbarie, se respetaban cuando finalizaba cada round, pero mientras, sus miradas desafiantes y sus fulgurantes físicos respondían al sonar la campana, con fiereza, con determinación, Moore con una velocidad relampagueante, Ultiminio con un poder y una valentía implacable que respondía a los cánticos de los aficionados que le pedían más y más cada vez que sonaba la campana.

En el octavo round una brutal mano derecha de Ramos mandó a la lona a Moore que se levantó, su mirada estaba alerta, sus reflejos ahí estaban según el referi Latka. Luego en el noveno otra vez. Una combinación de Ultiminio lo dejó casi colgando de las cuerdas, no estaba en la lona, pero recibió la cuenta de protección y finalmente sonó la campana. Al arrancar el décimo, Ketchum le dijo a Latka que Moore ya no saldría.

Ultiminio no supo del desvanecimiento de Moore hasta la mañana del domingo. Durante las primeras horas del lunes, la condición de Moore se fue deteriorando. De acuerdo con los médicos, tenía una hinchazón en la base del cerebro que después de ver la película de la pelea, se determinó que pudo haber sido cuando se golpeó la cabeza en las cuerdas del ring.

El “Pequeño Gigante de Ohio” había acumulado 56 victorias y sólo 6 derrotas en su carrera, en la que más que tener una imagen de invencible, tenía una de indestructible…

La muerte de Moore inspiró a Bob Dylan a escribir la canción “Who Killed Davey Moore”… A partir de esas 75 horas que pasaron desde que acabó la pelea, el gran Ultiminio Ramos vivió la tragedia del boxeo. Su triunfo inspiró cambios en el deporte de los puños, de fondo, sustanciales, fue campeón y heredó su corona a México en las sienes de otro de los más queridos ídolos del boxeo mexicano, Vicente Saldivar…

No es que Ultiminio hubiera sido hecho para la tragedia, pero un muerto en la espalda pesa más que una vida. Los versos de Dylan hablan de “si fue el incompetente réferi quien lo dejó seguir en el octavo round”, o “la embravecida multitud en el estadio”…

“No fui yo – dice el hombre cuyos puños lo hundieron en la niebla, quien vino aquí de Cuba donde el boxeo no fue admitido más-  yo le pegué, es cierto, pero para eso me pagan, no digan homicidio, no digan asesino…” eso dicen los versos de la canción de Dylan…

Ultiminio se entregó al Creador apenas hace un par de días, vivió 54 años con las imágenes de Moore colgado en las cuerdas, “Fue el Destino, fue el designio de Dios”, decía Dylan, Ramos lo supo, lo aceptó, pero nunca lo olvidó…

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