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RC Deportes

Tony Romo y una noche en St. Louis al sabor de unas alitas

AP

PARA QUE QUEDE CLARO

Tony Romo decidió retirarse cuando entendió que después de ser el quarterback del equipo más popular de los Estados Unidos, los Dallas Cowboys, no iba a ser sencillo conquistar otro mercado que pudiera acercársele con lo que le queda como jugador.

Tengo muy presente el día en que el coach Bill Parcells lo llamó a la línea para darle indicaciones y decirle que tomaría el lugar del quarterback titular de los Cowboys, Drew Bledsoe, en un duelo de lunes por la noche en el viejo Texas Stadium. Era la semana 7 de la temporada 2006 de la NFL.

Dallas estaba perdiendo ante los Gigantes de Nueva York y justo al iniciar la segunda mitad del encuentro, luego de que Bledsoe había sido interceptado en los instantes finales del primer medio cuando Dallas estaba tocando la puerta de la zona de anotación, el coach había “anunciado” a la reportera de televisión Michelle Tafoya que Romo se haría cargo del equipo en reemplazo de Bledsoe, quien en esa intercepción, tuvo el último pase que lanzó en su carrera en la NFL, pues no volvió a ser titular y se retiró al final de esa campaña.

Fue la noche del lunes 23 de octubre del 2006. Y lo sé porque esa noche estaba yo, no en Dallas, sino en el Hooters cercano a la estación del tren en Saint Louis Missouri, comiéndome unas alitas con mi gran amigo, Pepe Segarra, en aquellos días columnista de este grupo editorial, en el día de descanso de la Serie Mundial que disputaban, igualados a un juego por bando, los Cardenales y los Tigres de Detroit.

Mientras cenábamos, estábamos viendo en una pantalla gigante el partido, y al ver que se había acabado la paciencia de Parcells, fuimos nosotros, seguramente, unos más de los aficionados que nos sumamos a la alegría de que sentaran al veterano pasador que, además, había tenido el año anterior una espantosa campaña que no justificaba los 25 millones de dólares del contrato que había firmado por tres años…

Romo no era, digamos, un desconocido, representaba las esperanzas de los aficionados de los Cowboys, quienes tenían la espina clavada de un par de campañas negativas y no veían cómo un veterano de 36 años podría ser el líder del equipo que los regresara a las alturas a donde los había llevado Troy Aikman, quien se había retirado seis años antes.

Mientras veíamos el desempeño de Romo a quien probablemente poca gente recuerde que el gran Michael Strahan le desvió su primer pase de la segunda mitad, mismo que terminó interceptado y finalmente convertido en anotación por New York para ampliar su ventaja, comentábamos Segarra y yo, no sólo de las buenas hechuras del pasador de los Vaqueros sino de la mala suerte de Bledsoe, quien seis años antes, lesionado, había dejado un súper contrato firmado con los Patriotas de Nueva Inglaterra.

Fue de hecho Pepe Segarra el primero a quien yo escuché, esa misma noche, decirme que este joven se llamaba Antonio Ramiro Romo y que era descendiente de emigrantes mexicanos del estado de Coahuila, que había sido pretendido por dos equipos en el draft, y que los Cowboys habían sido quienes lo convencieron con un bono cuyo monto aún es desconocido.

Pero no todo fue malo esa noche, los Cowboys tenían en su escuadra al almirante TO, Terrell Owens, quien fue el primero en recibir un pase a las diagonales de parte del novato quarterback, quien además, logró la conversión, extraña en esos días, de dos puntos a favor de su equipo. Dos intercepciones más esa noche, no fueron peores que lo que había sumado en tres partidos Bledsoe, quien había entregado hasta ese día, 7 balones a las defensivas rivales.

El ambiente en el Hooters había subido de tono de forma notable, y no era por las reducidas vestimentas de las sonrientes meseras del lugar, sino porque cuando consiguió Romo su primer touchdown, y que fue como si se hubiera roto un maleficio para los seguidores del equipo de la estrella solitaria, los muchos parroquianos “sanluisinos” que hacían una excelente entrada en el lugar, empezaron a “calentarse” ante la posibilidad de que sus acérrimos rivales durante muchos años en la División Este de la Conferencia Nacional, pudieran acercarse en el marcador ante los Gigantes.

De hecho, los Cardenales que a partir de 1988 fueron de Phoenix y no de San Luis, sufrieron incontables humillaciones durante su permanencia divisional a partir de la fusión de la NFL con la AFL en 1970, dejando el elegantemente grupo llamado “Capitolio” que compartían con los Cafés, los Acereros y los Gigantes, para integrarse a la naciente división con un enemigo al que sólo pudieron arrebatarle dos títulos divisionales en 18 años de rivalidad.

Creo que me dejé llevar, pero al final de cuentas, fue una casualidad estar en San Luis, ver a Romo debutar y en la plática de sobremesa con el gran Pepillo, ser testigos de lo que sería una larga y fructífera (o, tal vez no), relación de Tony con los Cowboys quienes lo dejaron en libertad de elegir su futuro.

Ante la posibilidad de convertirse en suplente de quien era “su” suplente, el ahora muy famoso Tony Romo, mejor optó por retirarse, a pesar de que los Broncos, el primer equipo que se interesó por él, en aquel Draft del 2003, incluso antes que los Vaqueros, lo hubiera recibido con los brazos abiertos…  Mejor comentarista, que cabeza de ratón, habrá pensado, viendo que a Denver no le esperan los mejores años en el futuro inmediato…