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Todos los caminos llevan a Kazán

EDGAR VALERO BERROSPE EN KAZÁN

El llamado “Sueño Transiberiano” tiene su primera escala en esta milenaria ciudad considerada la “Puerta a la Rusia asiática” y donde convergen cristianos, musulmanes, judíos y ortodoxos, en una medida religiosa y tártaros y eslavos por la otra. Tierra de contrastes, pero una bellísima joya oculta de la humanidad.

No es sencillo llegar ahora. Pero nunca lo fue. No en los declarados mil doce años de historia que crearon una contrastante ciudad en lo cultural, en lo religioso y en lo racial. La “Capital Mundial de los Tártaros”, (como si hubiera muchos tártaros en otras partes del mundo), de cualquier forma, hace 12 años celebró su primer milenio siendo una pujante e industriosa ciudad donde también converge la cultura y la ciencia, pero sobretodo el Este y el Oeste.

Kazán es considerada la verdadera puerta al continente asiático dentro de Rusia, y durante cientos de años, los viajeros hicieron escalas obligadas por las más diversas razones, los orientales para entrar a Europa ofreciendo sus mercancías, los Europeos para viajar en busca de los tesoros ocultos de Asia y toda su misteriosa magia…

Para aquellos que hacen y han hecho desde finales del Siglo XVIII el legendario recorrido del Tren Transiberiano, partiendo de Moscú como dictan lo cánones, no desde San Petersburgo, Kazán ha sido la primera escala, una escala donde la sorpresa ha sido mayúscula para quienes pueden apreciar los tesoros culturales que han dejado el cruce, insisto, ideológico, religioso y racial de esta majestuosa ciudad.

El famoso Transiberiano recorre 9,289 kilómetros de Moscú hasta Vladivostok fue construido en la Rusia Zariana en la época de Alejandro III y Nicolás II y, como puede usted imaginarse, tiene el récord de ser el trayecto ferroviario más largo del mundo, en el que, las doce escalas que lo integran se pasan de Europa central a partir de los Montes Urales hasta el Océano Pacífico por toda Asia Septentrional, bordeando las fronteras de Kazajstán, Mongolia, China y Corea del Norte.

JOYA MILENARIA. Kazán está asentada a lo largo del Río Volga, y es toda una curiosidad que la mezcla de culturas ha dejado un legado arquitectónico vasto, producto del trabajo de tártaros, italianos y rusos. Los mejores ejemplos de estas mezclas son las fortificaciones de la ciudad, particularmente el Kremlín y por supuesto la torre inclinada de Suyumbike, considerados no sólo los símbolos de Kazán sino del mundo tártaro.

En Kazán convergen, además, en su población superior al millón de personas, rusos eslavos, rusos tártaros y un gran número de personas de otras nacionalidades, presumiblemente más de cien.

Religiosamente, en esta ciudad se pueden encontrar más de 20 mezquitas, otro tanto de templos Cristianos ortodoxos, Iglesias Luteranas, Capillas Católicas, Sinagógas Judías sólo por mencionar la diversidad.

Una conferencia magistral efectuada en 1999 con más de 150 científicos de 16 países, adoptó la resolución de asignar a Kazán su establecimiento a finales del Siglo X o principios del XI tras múltiples excavaciones arqueológicas, presumiblemente entre los años 1004 y 1005 después de Cristo. En esas excavaciones se encontró la moneda checa más antigua que se conozca, presumiblemente acuñada entre los años 929 y 930 de nuestra Era, vasijas húngaras de plata, cerámicas, brazaletes y objetos arqueológicos datados a finales del primer milenio.

Hoy, luego de esos mil años de historia Kazán ofrece una mezcla más que interesante para los turistas que la visitan, monumentos históricos, el paseo a lo largo del Volga, museos, una vida nocturna más que aceptable, todo lo que se podría pedir de un destino turístico.

IMPERDIBLES. Me quedaré con el recorrido por la Calle Bauman y la Catedral de la Epifanía, la estatua del Zilant y por supuesto el impresionante Kremlin de la Ciudad, una fortificación majestuosa. La mezquita de Kul-Sharif y por supuesto el Museo del Islam además de la Torre inclinada Suyumbike.

No quiero dejar de contarle que cuenta la leyenda la princesa tártara que llevaba ese nombre, a la que se pretendió forzarla casarse con el Zar Iván IV de Rusia, conocido como Iván el Terrible. Ella había dicho que sólo lo aceptaría, si construía la torre más alta de ciudad en siete días. Así lo hizo el poderoso personaje, pero ella en vez de desposarlo, subió a lo alto del monumento y se lanzó al vació.