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Sumando y rezando…

AP

EDGAR VALERO BERROSPE EN EKATERINBURGO

México cae apabullado por Suecia con marcador de 3-0, pero la histórica victoria de Corea del Sur 2-0 sobre Alemania puso al Trí en los octavos de final de Rusia 2018.

La fiesta no se acabó, ni la apasionada multitud que arrastró hasta estas latitudes la Selección Mexicana de Futbol se fue en silencio. Sólo que esta vez la explosión de júbilo no fue para festejar otra victoria en la Copa del Mundo, sino para romper la tremenda presión que se vivió en los últimos minutos del duelo ante Suecia, cuyo marcador indicaba un indiscutible 3-0, pero que terminó por combinarse por una victoria histórica de Corea del Sur al son de 2-0 sobre Alemania, que ha prolongado, al menos, al cuarto juego, la presencia nacional en Rusia 2018.

La fiesta comenzó no hoy (ayer) sino un día antes, 24 horas o 30 horas antes cuando comenzó la peregrinación tricolor hasta este lejano confín, la puerta de Asia en territorio ruso, viajando lo mismo en los viejos vagones del Transiberiano, acomodados en camas de vagones que albergaban a 100 o 120 pasajeros, o en todos los vuelos disponibles desde Moscú o San Petersburgo. Y cuando se entonó el Himno Nacional Mexicano, una vez más, hubo lágrimas de emoción en los ojos de decenas de miles de mexicanos que decidieron acompañar a “su” selección nacional, a una aventura que, por lo pronto, por suerte o no, por justicia o, “porque Dios es grande”, se ha alargado por una séptima oportunidad a la ronda de los octavos de final.

México fue derrotado con un marcador escandaloso de tres a cero, eso ya no es noticia. La noticia fue que, a pesar de ello, la combinación de marcadores y la increíble eliminación de Alemania, que lo mismo que el Tri, había avanzado los seis previos Mundiales a la segunda ronda, al menos, fue lo que determinó y no por suerte, que el equipo de Juan Carlos Osorio siga adelante. Más aún porque Alemania quedó fuera en la primera ronda por vez primera en su historia, pues en 1938 cayó ante Italia cuando no había grupos.

Pero si vale la pena establecer que aunque Suecia se llevó una victoria que suena a contundente, el marcador no refleja la realidad de lo acontecido en la cancha, pues si bien fue superior el cuadro escandinavo, no al tamaño que refleja un 3-0, que incluyó un lamentable autogol de Edson Álvarez, pero lo que sí es una realidad es que esta vez el equipo nacional no pudo hacerse del balón como contra Corea, ni jugar con precisión al contragolpe como lo hizo ante Alemania. Pero cada partido es distinto y se notó.

Esta vez la media cancha no fue tan mandona ni controladora a pesar de que por vez primera en 51 partidos, el técnico nacional decidió repetir una alineación, un acierto sin duda, que no tiene que ver con el marcador en contra por el hecho de que pudiera haberse entendido que el Tri, estaba muy estudiado. No creo que sea eso.

Más bien, Suecia sabiendo que México necesita tener el balón para sentir la seguridad de que se están haciendo bien las cosas en la cancha, no lo tuvo, no se dieron ni los desbordes y por vez primera en esta Mundial, los jugadores mexicanos no se movieron tanto sin balón, obviaron su posición en la cancha y eso facilitó a los suecos aprovechar espacios que fueron quedando libres conforme transcurría el juego a pesar de que Guardado y Herrera siguieron siendo las guías del equipo mexicano. Tan fue así, que el Tri pasó casi la cuarta parte del juego peloteando en la media cancha.

El VAR hizo su acto de presencia, y así como le perdonaron un penalti a Argentina, ahora fue a Chicharito Hernández, que metió la mano y el árbitro Néstor Pitana apenas vio el monitor para decidir que no era penal.

En la segunda mitad Augusstinsson tomó un balón perdido en el área para meterse y abrir el marcador a favor de Suecia. Luego, Moreno complicó las cosas al faulear a Berg con lo que se marcó un penalti que puso 2-0 el juego. Y todavía, en una jugada en cierta forma inocente, un balón que se paseó enfrente de Ochoa fue tocado por Edson Álvarez que lo puso en la meta mexicana.

El 3-0 fue un suplicio los últimos 26 minutos, pues un sólo gol de Alemania ponía fuera al Tri. Pero no solo no anotó, sino que recibió dos y se fue eliminado igual que Italia y España en los dos Mundiales anteriores. Una maldición que, incluyendo a Francia, atacó a tres de los últimos cuatro campeones del Mundo.

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