web analytics


RC Deportes

Se rinde el Azteca ante el Emperador Cuauhtémoc

Xinhua

El América golea 4-1 al Morelia en la despedida del “10” vestido de “100”, que tuvo una tarde memorable y a punto estuvo de hacer un golazo al minuto 9 cuando el balón pegó en el travesaño. Lágrimas, aplausos y un sentido adiós le tributó la afición a su ídolo.

El Estadio Azteca en pleno se rindió ante su ídolo para darle un adiós emocionante, emotivo, pleno, y Cuauhtémoc Blanco, que jugó no 30, sino 37 minutos en el primer tiempo del duelo entre el América y Morelia, respondió ocupando su amplio repertorio de habilidades, desde el taquito a los pases filtrados y la explosión de júbilo cuando hizo su acto de presencia la “Cuauhteminha”.

El “10” vestido de “100” si fue el niño del pastel, sus compañeros que le brindaron un emocionante adiós al golear al Morelia 4-1, lo buscaron, le cedieron el balón, orquestados sobretodo por Oribe y Blanco, como los grandes que tuvieron y retuvieron, filtró servicios y si la suerte y el Destino hubieran sido más magnánimos con él, uno de sus dos remates con destino al marco, en el 6 o el del 9 cuando amagó a dos defensores en su recorrido de izquierda a derecha y disparó flotado tratando de superar al arquero de Carlos Felipe Rodríguez de Morelia en vez de ir al travesaño hubiera ido al fondo de la red. Iba a ser un golazo. Pero no… Hubo fiesta, pero no era un show del Canal de las Estrellas, aunque muchos así lo hayan manejado.

Cuando llegó el minuto 37 el público quería que siguiera, pero ya estaba la orden del técnico de las Águilas y Darwin ya lo esperaba en la banda, cuando se dirigió por última vez en su ahora sí, sellada carrera, a la banda, la ovación estalló en la tribuna con un “Oéeee, oeeeee, oeeee, oeeee… Temo… Temo”. Luego recibió un abrazo de Oribe, del árbitro Roberto García, de Carlos Morales y cuando llegó a la banca, Nacho Ambriz también lo abrazó.

El Estadio no se llenó, pero casi, pero el América, motivado hasta el tuétano por la despedida del ídolo Águila, se brindó en la mejor actuación que haya tenido esta temporada, y aunque Cuauh no pudo celebrar su gol o abrazar a sus compañeros en la cancha tras conseguirlo, si en cambio, Oribe Peralta, fue a la banda a buscarlo para dedicarle el gol con el que se abrió el marcador precisamente al rematar un servicio de Quintero que tuvo una tarde excepcional.

Justo antes de que concluyera la primera mitad, el mismo Quintero amplió la ventaja a 2-0 al hacer un suave y sencillo remate a un servicio extraordinario que desde la banda le puso Sambueza.

Y en el medio tiempo siguió la fiesta para el festejado, Cuauhtémoc, quien dio la vuelta olímpica, se tomó selfies, dio autógrafos, sonrió a la pletórica tribuna y remató en el mismísimo centro del cambo con su celebración habitual, la de la marca de la casa, hincado y apuntando al cielo.

Allá en el centro de la cancha, estaban su madre Hortensia Bravo que lo abrazó, mas bien lo cobijó, después sus hermanos y cuñadas, pero cuando la pequeña Bárbara se acercó a abrazarlo, ya no se contuvo las emociones y los ojos se le llenaron de lágrimas.

Así dijo adiós uno de los más grandes ídolos del futbol mexicano, quien no sólo jugó, jugó bien, muy bien, mostró con destellos que aunque está retirado hace un año y que el tiempo no perdona, si en cambio ha sido benevolente con él y le permitió no arrastrar el prestigio tan bien ganado en su larga trayectoria.

Blanco recibió una camiseta enmarcada con su nombre y el número 100 de parte de los dos presidentes del América,

En la segunda mitad siguió la fiesta americanista, con Sambueza amo y señor, quien sirvió a Paul Aguilar y este a su vez a Quintero quien hizo crecer el marcador a favor de las Águilas 3-0. Fue sin duda el mejor encuentro del ecuatoriano en la campaña no sólo por su dos goles, sino porque puso la asistencia para el primero.

Enrique Pérez acercó al Morelia, que no vino de comparsa pero no pudo ante unas inspiradas Águilas y tras un contragolpe en el que fue derribado Paolo Goltz, Michael Arroyo tomó el balón para hacer efectivo el penalti que había marcado el arbitro. Arroyo volteó al cielo y dedicó a su padre fallecido la anotación.