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Rommel… Vuela de nuevo el “Ave Fénix”

AP

El clavadista yucateco vuelve a dictar cátedra en el trampolín de los tres metros en Barranquilla donde capturó dos medallas de oro y se aferra a una nueva oportunidad olímpica, tiene a Tokio 2020 en la mira…

Cada vez que Rommel Pacheco nos hace fallar en los pronósticos es un motivo de alegría. Pensamos que después de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, donde se le escapó la medalla que, si en cambio había conseguido meses antes en la Copa del Mundo, el clavadista yucateco estaba listo para el adiós, pero no…

Ha regresado de nuevo, con mucha fuerza, con mucha ilusión, con el objetivo claro de ir por cuarta ocasión a unos Juegos Olímpicos y ya ha establecido sus parámetros en Barranquilla, donde ha sumado dos medallas de oro, en la prueba individual y en los sincronizados del trampolín de los tres metros… La meta se llama Tokio 2020. Y pareciera estar lejos, pero no en su mente.

Y es que nadie dice que la victoria se logra yendo por el camino fácil… Y para Rommel la historia parecía haber comenzado probablemente en el lado izquierdo de ese camino de la vida.

Su talento innato, sus condiciones casi perfectas para el desempeño en la complicadamente técnica de competencia de los clavados, lo llevaron cuando apenas había cumplido 17 años, a convertirse en campeón panamericano en la plataforma de los 10 metros bajo el agobiante sol de Santo Domingo en la República Dominicana…  Corría el verano del 2003 y a la par de sus conquistas individuales, cobijado por otro titán de los clavados, Fernando Platas, también logró el subcampeonato panamericano en los clavados sincronizados desde la plataforma…

Las enormes expectativas generadas por el entonces novel clavadista yucateco, cimentadas en sus actuaciones más allá de lo ordinario, lo llevaron apenas unos meses después a ser también protagonista de la exitosa delegación mexicana que participó en los Juegos Olímpicos de Atenas en el 2004…

Habiendo calificado a la final individual tanto en el trampolín como en la plataforma, Rommel se ubicó en ambas pruebas en la décima posición, nada mal para un jovencito de 18 años que ambicionaba más y cuyo esfuerzo y dedicación ya de la mano de la entrenadora china Ma Jin, se convertiría unos meses después en Campeón Mundial Universitario en Izmir, Turquía, en el 2005.

SUCESOR. Pero quizá el éxito llegó demasiado pronto, y Rommel se convirtió, de facto, en el aspirante a heredero de las glorias de la escuela mexicana de clavados, y no fuimos pocos los que creímos que sus potencialidades habrían de convertirse en la continuación del éxito obtenido durante las dos décadas previas por Carlos Girón, Jesús Mena y Fernando Platas.

Rommel continuó por el camino del éxito y tras la obtención de tres medallas en los Juegos Centroamericanos de Cartagena, Colombia, en el 2006, tendría el honor de ser el primer deportista mexicano en calificar a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 cuando concluyó en el quinto sitio en el Campeonato del Mundo en Melbourne, además de obtener otra medalla panamericana, ésta de plata, en Río de Janeiro, entonces aspirante a sede de los Juegos Olímpicos del 2016.

Pero la exigencia de participar en dos pruebas similares solo en el hecho de que se disputan en la fosa de clavados, pero radicalmente distintas, el trampolín y la plataforma, comenzó a cobrar facturas al joven yucateco, quien con 22 años de edad, ya cargaba una etiqueta de favorito entre la delegación mexicana, para obtener un resultado sobresaliente, hasta, tal vez, una medalla en el impresionante Cubo de Agua de la capital China en aquel 2008…

DECEPCIÓN. Pero no sólo no llegó la medalla, Pacheco ciertamente mejoró la posición obtenida en Atenas cuatro años antes, pero el octavo lugar en Beijing reflejó y confirmó el descontrol y la profunda desconcentración en la que estaba cayendo el talentoso deportista.

Rommel se bajó de los pódiums él solo… Los resultados brillantes y constantes se volvieron intermitentes… Ahí estaba, pero mentalmente dejó de ser el poderoso competidor que se comía a puños una brillantísima carrera…

El golpe más fuerte, demoledor en esencia, llegó en los primeros días del año olímpico del 2012… Rommel, en franco descontrol, terminó en el sitio 16 en la Copa del Mundo celebrada en México y vio cómo otro jovencito, como él mismo en sus días, Germán Sánchez, el famoso Pollo, se incrustaba en la octava posición en la final del evento a la que ni siquiera pudo acceder el yucateco… Demasiada verdad para ser ignorada… El brutal golpe, sin embargo, pareció ser la lección que necesitaba Pacheco…

EL CAMBIO. Tocar fondo, para entonces volver a surgir… Así fue el proceso rumbo a Río… Una decisión definitiva; dejar la plataforma y enfocarse ante la mirada exigente, y hasta incrédula, de su entrenadora china, Ma Jin, en el trampolín de 3 metros…

Rommel tomó para sí la maravillosa segunda oportunidad que ofrece el deporte… Convertir en un “continuará” lo que para muchos podría ser visto como el punto final de una trayectoria…  Unos nuevos Juegos Olímpicos…

Provisto del optimismo que le daba ser Campeón Panamericano de nuevo, en Toronto en 2015 … Y Campeón de la Copa del Mundo allá mismo, en la fosa de clavados de Río de Janeiro, Rommel parecía estar listo para robarse su pedazo de historia… Pero no fue así…

Y a pesar de todo, la vida, el deporte, su optimismo, su fe en Dios, pero sobre todo lo que hoy conocemos como su inquebrantable espíritu, lo han llevado de regreso, a reiniciar el proceso, pacientemente, con el trabajo de cada día que lo han convertido de nuevo en campeón centroamericano, no una, sino dos veces, en la prueba individual y en la sincronizada… Barranquilla ha sido el verdadero trampolín de las aspiraciones del clavadista yucateco que se prepara, ¿Quién lo diría?, para su cuarto asalto a unos Juegos Olímpicos, Tokio parece estar muy lejos, Rommel, no piensa lo mismo…