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Pero antes del “dasvidania”, el último acto…

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MIS CARTAS DESDE RUSIA

EDGAR VALERO BERROSPE EN MOSCÚ

Los kilómetros se han ido acumulando en odómetro del carro que renté… Y las horas despierto superan escandalosamente a las horas de sueño, pero ya ponernos a hacer cuentas a estas alturas del partido, o del Mundial, ya no tiene ni caso. ¿Ha valido la pena?… Sí, como siempre. Con sus altas y sus bajas, pero Rusia 2018 nos ha ido dejando una cantidad impresionante de experiencias….

Buenas, malas y regulares… O hasta de sorpresa, como me pasó mientras regresaba de San Petersburgo y la fascia trasera del carro de pronto, alcance a ver por el retrovisor, que salió volando… Para mi suerte, a las 3 y media de la mañana no hay muchos carros circulando ni en Rusia, ni en lo único caro que he encontrado acá en este país, que es la autopista que une a Moscú con San Pet, (así le dicen para abreviar), ni en ninguna parte del mundo.

Así que pude pararme en la autopista, recoger mi “pedazo de carro” y, hacerle una “canchita” entre el asiento trasero y la cajuela con la ayuda de uno de estos “ángeles verdes rusos” que en realidad visten de amarillo, quien providencialmente salió de la nada y en dos minutos ya habíamos decidido que, en vez de volver a poner la fascia, mejor la guardábamos para que la transportara de regreso a Moscú…

Luego de este amplio paréntesis, seguiré diciéndoles que, tras mi primer balance oficial luego de 31 días completos y trabajados en estas tierras, sí, estoy muy satisfecho. A la larga lista de experiencias pude agregar el haber volado en un avión repleto de mexicanos entre Moscú y Ekaterinburgo. He dado un cierto número de “aventones” a los sufridos rusos (y algunas rusas que los acompañaban) nada más de la pena que da verlos ahí en espera casi eterna en las casetas instaladas para ese efecto en las carreteras de esta enorme nación.

Oficialmente regresé a Asia, porque nadie me impidió que caminara los kilómetros que me hacían falta para atravesar la frontera geográfica imaginaria que divide Europa de Asia en la misma Ekaterinburgo, donde hubo espectáculo adentro del estadio, con todo y sus tribunas temporales altísimas, más altas que las del Foro Sol en el autódromo como para que se dé una idea, y afuera del mismo escenario.

Y es que los sombreros de charro, convertidos tras la eliminación del Tri en moneda de cambio por muchos paisanos, mientras cumplían con sus funciones de herramienta de identidad, llegaron a ser tan valorados por los ciudadanos de este país, que puedo asegurar que nadie de los dueños de esos artículos orgullosamente mexicanos, dejaron al menos de recibir una solicitud de fotografía y allá a las puertas de Asia, fue una locura auténtica… Y de los enmascarados ya ni le digo… Y eso que estaban prohibidas las máscaras.

Al lujo de mi profesión le agregué el gusto de ver con menos de 24 horas de diferencia y con más de dos mil kilómetros de distancia entre ellos a los dos mejores jugadores del mundo, Cristiano y Messi… Vi fallar el penalti al argentino ante Islandia y la cara de decepción de Cristiano tras la derrota ante Cavani, más que ante Uruguay, al que a su vez había humillado meses atrás en los octavos de final de la Champions.

Y la victoria de México ante Alemania y la derrota del imperio del egoísmo de equipos como España o Brasil. Vi como Portugal le arrebató a la Furia la ventaja en el último momento y la confirmación de que los que “fueron” muy famosos y figuras preponderantes, ya no son tanto y empiezan a perderse, como siempre pasa, cuando aparecen figuras como Lukaku, Dembelé, Mbapé, que además, nos traen a la cabeza que el Continente Negro puede estar todo lo atrasado que se quiera, pero sigue produciendo para Europa, raudales de deportistas de primer nivel, aunque uno observe con tristeza que dejan atrás sus raíces para competir por otros países, así lo vimos y los vivimos en San Petersburgo en el duelo Francia-Bélgica, que bien pudo haber sido un Senegal-Camerún, o un Argelia-Nigeria, o cualquiera combinación de ese estilo.

He seguido descubriendo los contrastes de Rusia, pero también, he descubierto que la arquitectura rusa es un lujo. Sus ideas, su eficiencia, su respeto, o al menos como yo lo veo, a la naturaleza, el aprovechamiento de los espacios y su capacidad de innovación, su impresionante capacidad para agregar nuevas formas, nuevos colores, nuevas ideas a sus nuevas construcciones, casi todas ellas de una vanguardia espectacular, adornan, con moles gigantescas del mismo tamaño que los viejos edificios, pero con impresionante modernismo, un toque transformador a la periferia de las ciudades.

Y no es sólo Moscú, porque esta vez adopte la vieja idea de otros eventos de hacer mucho del camino por carretera, entonces, la ruta a Rostov y sus más de mil kilómetros, la ruta a Samara y sus más de mil kilómetros, la ruta a San Petersburgo y sus más de 800 kilómetros, el camino a Kazán y sus casi mil kilómetros, y las “cercanas” Nizhny o Saransk a “sólo” 500 ó 600”, me han dejado ver todo tipo de paisajes y todo tipo de ciudades. Desde las muy pequeñas y modestas, hasta ese templo de clasicismo invadido de actualidad que es San Pet.

También descubrí el Transiberiano y ya sé que ni todo es lujo, y si sigue siendo de leyenda, algunos de sus trenes en las rutas alternas siguen pasando por pequeñas poblaciones muy “rusas”, muy “asiáticas otras”, con sabores e imágenes absolutamente desconocidas para nosotros los que venimos de occidente.

Al menos creo que conmigo, el presidente Vladimir Putin consiguió su objetivo: Mostrarme a Rusia. Dejarme saber que efectivamente no es la vieja Rusia, y no porque eso sea malo, creo entender eso, porque Rusia no es Putin, ni Rusia es la de las películas, ni Rusia es la KGB o la Guerra Fría, o simplemente sus mujeres altísimas y hermosas siguiendo elegantemente ataviadas con pieles a los mafiosos chaparros. Rusia es mucho más que eso. Putin lo sabe y quería que la gente lo supiera. Tal vez se equivocó en el método, pero en algunos de nosotros lo consiguió.

Rusia tiene una cultura milenaria. Diversa en su origen y diversa en sus propuestas. Los museos son un lujo. Las costumbres también. Decirle todo lo que he descubierto en estos 31 días en pocas palabras como caben en este espacio, es casi imposible, pero al menos he podido decirle que ha sido un trayecto altamente productivo y satisfactorio donde el futbol fue un gran pretexto, pero que mientras vivía al deporte, también he vivido un país que merece la pena ser contado.

Pero, este país si merece la pena ser contado de la manera correcta, no de la forma en que fuimos engañados más de 50 años por nuestros vecinos del norte, a los que siempre les creímos que los rusos eran los malos. Puede ser que, si hayan sido los malos, pero para ellos, para los norteamericanos y no necesariamente tenía que haber sido así para nosotros…

Y después del duelo de esta noche (anoche), ya sólo nos queda un juego, porque con todo respeto para los ingleses y los belgas, la historia será contada como siempre por los vencedores, y en ese duelo sólo hay dos invitados, Francia, el gran favorito, y el equipo que le ha mostrado al mundo, pero sobretodo a México, que fue quien los eliminó hace cuatro años en Brasil con ese contundente 3-1 en el último partido de la primera ronda, que sí se puede hacer una transformación que nos lleve al éxito, Croacia, que contra los pronósticos o más bien, sin ningún pronóstico que los hubiera mencionado, está en la final como rival de los galos… Nos queda realmente eso, y un par de días para turistear, y después de eso, simplemente un “dasvidania”… Ha sido una experiencia increíble…

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