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RC Deportes

Nos salvamos del ridículo…

CONADE

PARA QUE QUEDE CLARO

Hace dos años las cosas no se veían diferentes. Se veían MUY diferentes. Alfredo Castillo, recién instalado como director general de la CONADE sacó la espada y empezó su cruzada contra la mafia deportiva mexicana, la mundial, y contra la incompetencia y la irresponsabilidad de quienes habían manejado el deporte mexicano. Y claro que fue a su estilo.

Y entre la razón y la revolución, una de sus primeras decisiones fuertes, trascendentes, fue negarse a pagar los errores de sus dos antecesores en el cargo, Bernardo de la Garza (incondicional del presidente Felipe Calderón) y Jesús Mena, quienes por sus acciones provocaron un escándalo internacional que pudo haber provocado que los nadadores y clavadistas mexicanos no participaran en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, o hacerlo sin uniformes oficiales y sin escuchar el himno nacional.

En 2011, De la Garza titular de la CONADE, Mena miembro de la FINA, el titular del CODE Jalisco Carlos Andrade Garín y gente de los tres niveles de gobierno del Estado, incluyendo al gobernador Emilio González, y del Municipio de Guadalajara, acordaron con la Federación Internacional, vía la Federación Mexicana presidida por Kiril Todorov, que en 2017 se llevaría cabo en la Perla Tapatía el Campeonato Mundial de Natación. Ese que empezó esta madrugada en Budapest, Hungría.

La euforia panamericana los dejó a todos excitados mentalmente, pero de forma absolutamente irresponsable. Luego, cuando vinieron los recortes presupuestales por parte del Gobierno Federal, Jesús Mena canceló la realización del evento, pero fue a la mexicana…

La Federación Mexicana de Natación y la CONADE, en la época de De la Garza y en la continuación de Mena, ya le habían dado a la FINA 9.5 millones de dólares como garantía de los 100 millones que costaría realizar el evento en nuestro país.

Sin embargo, Jesús Mena no sobrevivió a su cargo para solventar la tormenta que desató. Y en pleno proceso de degradación del peso mexicano por las razones políticas que usted y yo hemos vivido estos últimos 4 años, además de la baja en los precios internacionales del petróleo, y que han llevado al peso mexicano a tener una de las peores devaluaciones de su historia, Alfredo Castillo dijo que México y la CONADE no pagarían otros 5 millones de dólares que exigía la FINA por la cancelación del evento, según decía el contrato firmado de manera irresponsable.

En Toronto durante los Juegos Panamericanos del 2015, en una discusión subida de tono con el italiano Julio Maglione, presidente de la FINA, Castillo Cervantes se mantuvo en su posición e incluso lo retó a que demandara a México por el pago que por ninguna razón iba a realizar.

Nuestro país no estaba en condiciones de albergar y pagar por un evento que iba a tener un costo de 100 millones de dólares, esos mismos que, en devaluados pesos de estos días, con la moneda verde un poco más amansada, requiere muchos ceros, más o menos 2 mil millones de pesos. Así, como lo lee.

Luego, el titular de la CONADE acudió al Tribunal de Arbitraje Deportivo a presentar sus argumentos para no pagar la sanción y en cambio exigir que se le devolviera a México el dinero que había adelantado, insisto, casi 10 millones de dólares. Castillo dijo que por supuesto no se iba a pagar ni un centavo más para subsanar la serie de errores que cometieron todos los funcionarios que cito líneas antes.

La batalla continuó y casi medio año después, cuando ya habían pasado los primeros rounds de la contienda entre la CONADE y la FINA, y con los Juegos Olímpicos a la vista, los “gandallas” directivos del organismo internacional, suspendieron en sus derechos a la Federación Mexicana de Natación.

Además de todo, la FINA le prohibió a la delegación mexicana participar con uniformes oficiales a nuestros clavadistas y nadadores en Río en la Copa Mundial de Clavados, donde el yucateco Rommel Pacheco, ganó la medalla de oro en el trampolín de tres metros y tuvo que subir vestido con una camiseta de Popeye el Marino y no pudo escuchar los acordes del himno nacional.

Diferentes gestiones en diferentes instancias como el Comité Olímpico Internacional, vía el Comité Olímpico Mexicano y Carlos Padilla; y el Tribunal de Arbitraje Deportivo, finalmente permitieron a que la delegación de México se presentara como debía en las competencias acuáticas de Río.

Pero México no pagó, ni pagará. Lo que resulta peor aún, es que en el Mundial en Budapest, no participarán los medallistas olímpicos Paola Espinoza, Iván García, Germán Sánchez y Alejandra Orozco y la carta más fuerte con la que se presenta México a competir, es con Rommel Pacheco quien se quedó a nada de ganar la medalla de bronce en Río de Janeiro el año pasado.

La delegación mexicana está integrada por 16 clavadistas, ocho de la entrenadora china Ma Jin y ocho del entrenador Iván Bautista. Pero salvo el caso del yucateco no se ve a nadie más con posibilidades de subir al podio. Hay muchas jóvenes promesas, pero el tiempo del cambio generacional llegó en el momento en que México estaría de rodillas, rezando porque tras gastar dos mil millones de pesos en la organización de un evento, nuestros clavadistas estuvieran a la altura de las circunstancias.

Nunca como ahora queda claro que el tiempo si hace su labor de filtro. Que Alfredo Castillo se mantuviera en su posición, también les ahorró a los mexicanos otro gasto absurdo de más de 100 millones de pesos y no haber cedido pareció agresivo aún cuando le ofrecían que México pagara “en cómodos abonos”, pero fue la postura correcta.

Se habló de hacer pagar a los responsables de que se hubieran entregado a la FINA sin garantía esos 9.5 millones de dólares que siguen volando, como voló Andrade Garín, como voló Jesús Mena y como voló el principal responsable de todo este escándalo, Bernardo de la Garza, titular de la CONADE en su momento.

Si el Mundial de Natación se hubiera llevado a cabo en México a partir de hoy, la posible medalla de Pacheco, del color que fuera, me parece que habría salido un poco cara. Cien millones de dólares, dos mil millones de pesos… Sí, sigue siendo mucho dinero… Pero… ¿Y lo “caído”? (así, sin acento), ¿dónde quedó?… Alguien tiene que ser responsable de los otros 260 millones de pesos que acabaron en la bolsa de los corruptos directivos de la FINA… Viene a continuación un silencio pronunciado… Cri… Cri…  Nadie quiere decir nada…