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Lo malo, que hoy nos fuimos… Sigue lo bueno…

AP

MIS CARTAS DESDE RUSIA

EDGAR VALERO BERROSPE EN SAMARA

Y a esperar otros cuatro años… Después de todo, si lo vemos fríamente, la Selección Nacional ha estado en este asunto de los octavos de final los últimos 24 años, avanzo en seis mundiales consecutivos y este fue el séptimo. Pero, de todas formas, con experiencia y sin ella, con aciertos y errores, con inversión, con muy los proyectos periféricos, México se sigue quedando a la orilla y cuando hay que saltar, ya no se atreve. No es fácil hacerlo, pero sería muy injusto decir que no se ha intentado.

Yo no me voy a llenar la boca con las fastidiosas frases de toda la vida que les sirven a muchos colegas para alimentar su cólera contra el equipo mexicano, que sigue viniendo a los Mundiales como un gran animador, pero que aún no puede convertirse en protagonista.

Lo que hemos vivido en las últimas semanas alrededor y en el Tri, da parta escribir varias novelas, y les puede uno acomodar el final que quiera. Pero el final que se ha estado buscando de manera insistente desde hace 7 Mundiales ya contando este como cosa juzgada, no llega. Y el asunto va más allá de estar culpando a los directivos de la Federación o el asunto de los partidos inútiles que se juegan en Estados Unidos. Los mexicanos somos caníbales y así, cada cuatro años, acudimos a la cena donde nos vamos a “echar” al Tri, para decir que “pierden como siempre”.

Nadie que esté siquiera tantito cerca de uno de estos muchachos que portaron el uniforme nacional, puede decir que “perdieron como siempre”, no porque en el terreno de la estadística y los hechos se haya sumado ya una séptima eliminación en la segunda fase, que es todo un récord, se puede generalizar. Yo no conozco a un sólo futbolista que quiera perder. Después de haber presenciado en vivo los 28 partidos de la Selección en estos últimos siete Mundiales, si claro que queda un sabor amargo por la eliminación. Pero hay que entender que sólo hay un campeón mundial cada cuatro años y que, los últimos campeones, salvo España y antes Francia, son una excepción a una regla que pareciera dictar quienes son los equipos que pueden aspirar a ese título, Brasil, Argentina, Alemania e Italia.

No incluyo a Inglaterra porque los británicos no han vuelto a ganar nada desde 1966. Sólo hubo un momento en el que la historia cambió y hace unos días me lo comentaba Cesar Luis Menotti, cuando el técnico que llegó a dirigir al grupo de jugadores los hizo crecer, no por dejarlos haciendo más trabajo físico como si fuera el ejército o un castigo, sino cuando pudo convencerlos de que siguiendo sus indicaciones realmente mejorarían y podrían alcanzar su meta.

Y tal vez, en algún punto del camino, nosotros hemos extraviado ese “convencimiento” que hace diferencias y que, si las hace, los hechos lo comprueban. Por eso tal vez Argentina no ha vuelto a ser campeón mundial, porque nadie ha podido convencer a sus súper estrellas de que son el mejor equipo del mundo. O por eso Alemania se haya ido temprano, porque se acabó el discurso de Löw, o en España, que si Lopetegui o no, no estuvo nadie para completar fuera de la cancha el trabajo que hace Iniesta al interior.

Tal vez Javier Aguirre, tal vez Manuel Lapuente, tal vez Herrera o Mejía Barón, extraviaron esas palabras que sí en cambio pudieron encontrar Chucho Ramírez o el Potro Gutiérrez o Luis Fernando Tena y que cambiaron la historia. No es mi labor hacer un perfil psicológico del Tri, pero creo que hay un algo que tal vez no se ha hecho y que nos ha privado que un esplendoroso grupo de jugadores regrese a casa como regresaron otros seis espléndidos grupos de jugadores. Ninguna selección mejor que la otra. Tal vez fueron diferentes… Lo malo, hoy nos fuimos. Lo bueno, hay cuatro años otra vez, otros cuatro años, como las últimas seis veces, para pensar que fue lo que dejamos de hacer y que es lo que necesitamos cambiar… No hay de otra…

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