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RC Deportes

La deuda del “Tuca”…

AP

(¿Habrá olvidado que ya es mexicano?)

 

PARA QUE QUEDE CLARO

México es un país muy generoso, le hemos abierto las puertas a individuos y a legiones auténticas de personas que llegaron por diferentes motivos. A españoles cuando la Guerra Civil, a chilenos cuando el golpe de estado de Pinochet, a argentinos cuando el golpe de estado de los militares, a gente del Este de Europa cuando terminó la segunda guerra mundial, polacos, checoslovacos, rusos (en medio de la represión stalinista), griegos, italianos, podría seguir… Mexicali está lleno de chinos. Hay barrio chino en el centro de la Ciudad de México, ¿le sigo?… Otras comunidades han crecido en nuestro país, judíos, libaneses, armenios, entre ellos venían gente muy valiosa y ahora muy querida.

Cuando los Juegos Olímpicos de México 68, el general Clark Flores entonces Presidente del Comité Olímpico Mexicano (y es una historia que seguro podría contar mucho mejor que yo mi querido don Rafael García Garza), trajo a una multitud de entrenadores a preparar a los deportistas mexicanos, muchos de los que vinieron, como Jerzy Hausleber o Tadeusz Kepka se quedaron y nos regalaron una impresionante cantidad de éxitos internacionales. Siempre les vamos a deber algo más que un cariñoso recuerdo…

Hace unos cuatro años tuve la fortuna de conocer a don Demetrio Bilbatúa, uno de los más aclamados fotógrafos de cine, español de nacimiento, pero mexicano por identidad. La expresión con la que redondeó su presentación fue “todo lo que tengo en la vida se lo debo a Dios y a México… -hizo una pausa y corrigió- no, a México y a Dios, en ese orden…” Por las dimensiones de este hombre, uno entiende lo que pudo haber sido su vida si no hubiera llegado a nuestro país.

Ricardo Ferretti, por el momento “técnico interino” de la Selección Mexicana ha vivido en nuestro país los últimos 41 años de los 66 que tiene de vida, y es mexicano por naturalización desde 2006. Luego de su efímero paso por el Atlas, se incorporó a los Pumas de la Universidad donde jugó 240 partidos durante siete temporadas en su primera etapa e hizo 108 goles a pesar de alternar con el máximo anotador en la historia del futbol nacional, Evanivaldo Castro “Cabinho”.

Luego de que la UNAM le abriera las puertas para que trabajara como auxiliar técnico de Miguel Mejía Barón al retirarse en 1991, tuvo tiempo para desarrollar su carrera de entrenador, e incluso el propio Mejía Barón lo llevó como su segundo asistente técnico al Mundial de 1994 y regresó para permanecer dos años más con el equipo del Pedregal antes de firmar un espléndido contrato con Chivas. Lo demás casi todo el mundo lo conoce. Fue a Tigres, Toluca, Morelia, regresó a los Pumas, se volvió a ir a Tigres, estuvo por tercera ocasión en Pumas y se fue por tercera ocasión a Tigres.

Siempre se ha quejado de todo. De la Federación, de los árbitros, invento lo de los partidos “moleros”, y luego de que le rogaron, accedió a dirigir, con el Doctor Mejía Barón de auxiliar técnico, a la Selección Nacional contra Estados Unidos luego de que corrieron a Miguel Herrera, en el repechaje para la Copa Confederaciones hace tres años…

Ha sido de los directores técnicos mejor pagados de la historia en donde se ha parado y ahora es el que cobra más en el futbol nacional. Tigres está muy contento porque le ha dado cuatro títulos, aunque los últimos tres fueron con la asesoría de su gurú, el Doctor, quien no lo acompañó por cierto a la aventura de los últimos dos duelos “moleros” y que, por cierto, perdió al apostar por jóvenes que enseñaron que están muy lejos del nivel que tienen los que ahora son vistos como “viejitos”.

Cuando el “tuca” llegó a México, llegó como muchos de los que mencioné al principio de estas líneas, sin nada. Mucha gente que vino de fuera trabajó intensamente y triunfó, pero este país les dio la oportunidad que no tuvieron en el suyo. Ricardo lo debería de recordar.

Que hoy medio mundo le festeje sus “carajo”, sus palabrotas cuando era técnico de la UNAM, sus malos modos e insultos, no significa que es quien es sólo porque haya trabajado mucho. Sí, trabajó mucho, pero en México y nunca lo he escuchado, incluso ahora que ya es mexicano por naturalización, decir que le debe todo lo que tiene a su esfuerzo, Y A MÉXICO.

Y ahora que la Federación lo ha requerido en cierta forma, se pone sus moños, se hace del rogar y mantiene, casi, la postura de que “no le interesa” dirigir al Tri. Y no es una cuestión de dinero. Porque dirigiendo a la Selección seguirá ganando las mismas escandalosas cifras que le pagan en Tigres. Pero no hay voluntad, no hay agradecimiento.

“Tuca” le debe mucho más a este país, que no a los dirigentes del futbol en sí, que lo que él se imagina. O acepta. Y bien haría, si es que hay algo de decencia en su interior, en aceptar que su fortuna en dinero y su “buena fortuna” en la vida, no habrían sucedido si no hubiera venido a esta bendita tierra de oportunidades que se llama México.

Ferretti es mexicano, y el día en que recibió su carta, le fue dicho que “como nuevo mexicano, el país lo recibe con respeto y orgullo”, firmó la carta de principios y valores de las personas que han adquirido la nacionalidad mexicana en los que destacan la igualdad, inclusión, IDENTIDAD, COMPROMISO, respeto, diversidad, LEALTAD y no discriminación.

Fue enterado que contaría ya con la plena protección que dan las leyes a todos los mexicanos, y con la garantía de ejercer los derechos que la Constitución otorga a toda persona que vive en territorio mexicano. En algún momento el Presidente Ernesto Zedillo dijo a los naturalizados “Desde hoy, toca a ustedes cumplir y defender nuestros principios constitucionales. Desde hoy tienen ustedes un nuevo orgullo, el de ser mexicanos. Desde hoy, México se siente también muy orgulloso de que lo sean”.

No sé si ya olvidó todo esto el técnico nacido en Brasil, pero sería más grave aún que haya olvidado que su promotor lo dejó abandonado a su suerte hace un montón de años en nuestro país y que tuvo que jugar en un club amateur seis meses, y que pensaba regresar a Brasil, pero no tuvo dinero no sólo para comprar un boleto de avión, sino que debió dormir un par de noches en la calle…

Ojalá y mientras maneja su súper auto de lujo, un Ferrari (que muchos mexicanos de los que nacieron aquí no tienen) allá en Monterrey, tenga tiempo de reflexionar si le debe o no algo de lealtad y compromiso a este país…