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José Luis Villuendas padre del conductor del BMW

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Después de retirarse de la actividad policial se convirtió en empresario, transportando valores y promoviendo boxeo y eventos deportivos. Fue dueño del Club Pachuca.

 

José Luis Villuendas Álvarez, ex comandante de la policía judicial del Distrito Federal y padre del conductor que se estrelló el viernes pasado en el Paseo de la Reforma en un BMW donde lamentablemente murieron cuatro personas, ha tenido diferentes facetas en su vida. Ha sido empresario de seguridad y también promotor de boxeo, además de haber sido dueño del Club Pachuca que perdió la final de ascenso con el Atlante en la temporada 1990-91.

Villuendas realizó dos de los eventos de boxeo más importantes que hayan tenido lugar en Ciudad de México. Primero en la Plaza de Toros México, montó la pelea por el campeonato mundial de peso pluma de la FIB entre Jorge “Maromero” Páez y el argentino José Mario López, famosa porque en ese evento se le olvidó el himno nacional a Jorge Muñiz el 15 de septiembre de 1989.

Unos meses más tarde, fue la pelea de campeonato mundial de peso superligero que se celebró en el Palacio de los Deportes el 16 de diciembre de 1989, siendo la figura estelar del evento Julio Cesar Chávez, quien realizaba la defensa de su título mundial ante el argentino Alberto Cortés.

Retirado de la actividad policial y cesado por las autoridades en su cargo de comandante, hace 30 años, tenía una empresa dedicada a dar servicios de transportación de valores y no de seguridad privada como se ha dicho, y debido a su admiración por Julio Cesar Chávez, se acercó con el desaparecido abogado Francisco Bazán, originario de Tijuana Baja California y socio del apoderado de JC Chávez, Ángel Gutiérrez, para ofrecerles promover una pelea en la que se estima que el peleador sonorense recibió 250 mil dólares por enfrentar a un boxeador que no tenía ninguna posibilidad de derrotarlo y que fue traído a México por Hernán Santos Nicolini, un ex periodista, manager y apoderado de boxeadores argentino.

Días antes de la pelea, cuando el retador Alberto Cortés llegó a México, se dice que alguien le preguntó cómo estaba su muchacho, y dicharachero como era el manager contestó: “Si piensas apostar, apuéstale a Chávez mejor…” Y en efecto, Julio Cesar se impuso fácilmente a su retador por nocaut efectivo en el tercer round.

Esa era la segunda defensa del título que había ganado JC al norteamericano Roger Mayweather y hubo muchos comentarios para la realización de la pelea ante Cortés, pues apenas 28 días antes el 18 de noviembre había realizado la primera defensa ante el boricua Sammy Fuentes por nocaut técnico en 10 rounds. Fue además la sexta pelea que hizo Chávez en apenas 7 meses.

Villuendas puso a disposición de la prensa acreditada una gran sala de prensa en el Hotel Intercontinental del DF, además, siendo patrocinador de la función la empresa IUSACELL, hubo al menos 20 ó 30 aparatos celulares que acababa de lanzar al mercado la primera compañía de telefonía de su tipo en México, con servicio gratuito a los periodistas.

El evento congregó a más 16 mil personas al Palacio de los Deportes, aunque Villuendas argumentó que en la co-promoción con Ángel Gutiérrez, apoderado de Chávez y Don King, los números no habían salido correctamente y que lo habían estafado.

Villuendas siguió asistiendo a las peleas de Chávez, apoyándolo económicamente incluso antes de su pelea de marzo de 1990 ante Meldrick Taylor, hasta que decidió renunciar a “tirar” el dinero que obtenía con su empresa dedicada entre otras cosas al traslado de valores con camiones blindados.

EN EL FUTBOL. José Luis Villuendas siguió siendo gente relacionada con el deporte y esa fue la razón por la que compró al club Pachuca de la segunda división, aunque se dice que el gobernador Lugo Verduzco se lo entregó a cambio de que se hiciera un proyecto de reestructuración del club que era una carga para el estado. Villuendas lo mantuvo dos años y estuvo a punto de ascender a la Primera División, pero para su mala fortuna, perdió la final de la temporada 1990-91, disputada a tres encuentros por el ascenso ante el Atlante, el último y definitivo jugado en la cancha del Estadio Cuauhtémoc de Puebla en tanda de penaltis. Tras esa dolorosa derrota el ex comandante decidió vender al equipo y mantenerse en sus empresas. No se volvió a saber nada de él en el mundo del deporte.