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RC Deportes

Inglaterra se muere de nada, y Croacia es finalista

AP

EDGAR VALERO BERROSPE EN MOSCÚ

La escuadra británica ya ganaba al minuto 5 con un golazo de Trippier en tiro directo, pero luego se perdió y tras recibir el gol del empate, cayó en tiempo extra con otro golazo de Mandzukic.

Nadie puede decir que Croacia jugará la final de la Copa del Mundo contra todos los pronósticos, porque respetuosamente si podemos decir, al menos eso creemos, que no existía ningún pronóstico de que los balcánicos llegarían hasta el último partido de la Copa del Mundo, pero la realidad indica que tras superar a Inglaterra en su tercer partido consecutivo que ser extendió más allá de los 90 minutos, dos se fueron a penaltis y el de esta noche a tiempo extra, son un merecido finalista de Rusia 2018.

La soberbia siguió destruyendo a los equipos que como el de Inglaterra, creyeron que sus camisetas siguen espantando a los rivales, pero el blanco niveo de la que portaron los británicos esta noche si espantó, pero por su intrascendencia, porque blanca al fin, no dijo nada, no mostró nada, y hubiera sido una injusticia que un equipo indolente como este, que no supo aprovechar la ventaja de tener el marcador a su favor cuando apenas habían sido disputados cinco minutos de juego, y que navegó en los mares de la intrascendencia los siguientes 119 minutos que se jugaron, no, definitivamente no merecía ir a la final de esta o de cualquier otra Copa del Mundo.

No fue un partido emocionante, ni un partido tácticamente bien jugado, Bueno, puedo haber sido cualquier partido, sobretodo, si consideramos que el portero de Croacia vio como si hubiera una lluvia de meteoritos en el cielo de Moscú, porque los desatinados jugadores británicos parecían obsesionados en mandar los balones a las tribunas y no, equivocadamente meterlos en la meta de Subasic, quien seguramente en un entrenamiento de su equipo habrá visto más esfuerzos y peligrosidad de sus compañeros en el interescuadras.

Inglaterra despertó a la afición con el golazo de Trippier al minuto cinco, emocionó tanto a sus seguidores que se quedaron cantando hasta que casi a fuerza de más de 200 elementos de seguridad los sacaron del estadio cuando ya habían pasado más de dos horas de finalizado el encuentro. Pero fue sólo eso.

Los otros trece jugadores que empleó Gareth Sothgate, ya contado los cuatro cambios a los que le da derecho el reglamento cuando hay tiempo extra, y si quitamos a Jordan Pickford el portero y Trippier, se la pasaron perdidos, y ya en el tiempo extra, más bien defendiéndose de los contragolpes que funcionaron de tal forma que al minuto 109 y antes de que tuviera que abandonar el terreno de juego acalambrado, Mario Mandzukic, la estrella de la Juventus de Turin, mandó el balón al fondo de la red para escribir una historia que lejos de ser sorprendente, podrá ser citada siempre como una cita con el Destino.

Croacia no era favorita ni para ganar su grupo. Menos para ir sumando victorias, primero de naturaleza espectacular como el 2-0 a Nigeria, hasta llegar a la paliza de 3-0 sobre Argentina y la “revancha” ante los islandeses que los mandaron al repechaje en las eliminatorias. Y de ahí a los penales ante Dinamarca ante la que no eran favoritos. Y a los penales ante Rusia ante la que, si lo eran, y finalmente a esta noche en que ya no fueron tal lejos, pero casi, como para que quede constancia de lo difícil que puede ser llegar a una final de un Mundial.

Los croatas creyeron en sí mismos. No se doblaron nunca, más habiendo sido una sensación y uno de los tres únicos equipos que ganaron sus primeros tres partidos en la primera ronda, junto con Uruguay y Bélgica, pero en un grupo sustancialmente más complicado que el de estos dos últimos.

Pero en la noche sin emociones, al menos en esos 63 minutos que pasaron entre los dos primeros goles que se anotaron, tanto Subasic como Pickford, los arqueros de ambos equipos tuvieron tiempo de meterse a sus redes sociales a platicar con sus cuates porque o pasaba nada. Porque, insisto, Subasic podía haber ido por una hamburguesa a uno de los puestos interiores del estadio y haber dejado la meta libre, porque los tiros no iban con destino a puerta, no corrijo, si, un disparo iba a gol además del tiro libre que si entró. Bueno, poco al menos para 124 minutos de juego, y muy poco para una semifinal de Copa del Mundo.

Croacia resucitó con el gol del empate al minuto 68, y entonces Inglaterra, que dormía plácidamente soñando con que regresaría a una final de la Copa luego de 52 años, no pudo romper el letargo y sólo atinó a defenderse y si el marcador no se movió nuevamente antes de que acabaran los 90 minutos reglamentarios, fue justamente porque Pickford, el arquero del Everton, estaba un tanto cuanto más despierto.

Al cabo de los 124 minutos, Croacia acabó su transformación de “ya merito”, en un equipo finalista de una Copa del Mundo. Finalista que accede con total y absoluta justicia. Mientras el futbol se siga ganando con goles, nadie podrá negarle el mérito a quien los hace, y tal y como dijimos después del duelo Francia-Bélgica, a veces no hacen falta muchos, sino los suficientes, o tal vez sólo uno, que marque la diferencia, como ha sido el caso esta noche.

Los nombres enormes, de marquesina, de los estrellas de Croacia, quienes pueden ser comparables con los de los brasileños, los argentinos, los españoles, los belgas, los franceses, los alemanes, y el de Ronaldo, único verdadero de Portugal; finalmente se han sumado para entregar un viaje a la final del Mundial. Porque Mandzukic en la Juve, Persic en el Inter, Rakitic en el Barza, Modric en el Real, Lovren en el Liverpool, Kovacic también en el Real, o Kalinic en el Milán, claro que conforman una selección de “sólo estrellas”, envidiable, tan envidiable como odioso se ha convertido en el hecho, para los mexicanos, que el equipo que eliminamos hace cuatro años, a lo menos que aspira ahora, es a ser subcampeón del mundo… Y eso, no es poca cosa….

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