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RC Deportes

Hacer bien… Hacer mal…

AP

PARA QUE QUEDE CLARO

Yo sé que nada tienen que ver entre si los dos eventos de los cuales le quiero hablar. Pero no importa porque al final de cuentas, uno tiene que ver con las cosas bien hechas y otra, con la tranza, la desvergüenza y la poca ética que pueden llegar a tener algunos seudo profesionales quienes en aras del negocio y del dinero fácil, hacen lo que sea…

El primer caso es el Maratón de la Ciudad de México. En medio de la polémica que levanta el hecho de que la ciudad se divida en dos, prácticamente, ya que desde Paseo de la Reforma y hasta el Estadio Olímpico Universitario, Insurgentes queda inhabilitada, la fiesta se dio y como se ha hecho una gran costumbre, se dio de la mejor manera. Sin falla diría yo. Poco importa que la competencia deportiva fue ganada por atletas extranjeros, cuando en cambio miles y miles de mexicanos una vez más invadieron las calles de la gran Metrópoli para hacerlas.

Esta es una nota que casi podría haber tomado yo de lo que aconteció el año pasado. Y hace dos años. Y hace tres. Y cuatro. Horacio de la Vega, titular del Instituto del Deporte de Ciudad de México ha contribuido con su dosis de pasión para que cada año haya mejorado, no el espectáculo, aunque sí, sino la organización que se acerca vertiginosamente al título de “impecable”…

Mucha seguridad. Mucha información fluyendo. Una coordinación extraordinaria que involucra no solo lo deportivo, sino a otras áreas de la administración pública como son Protección y Vialidad, servicios médicos, protección civil, y otras más, pero permitiendo todas ellas que los participantes, 40 mil, se dedicaran a disfrutar del evento. Como lo disfrutaron cientos de miles a lo largo de la ruta que partió del Zócalo capitalino y concluyó, como apunté, en Ciudad Universitaria.

Y otra vez la gente, aportando lo que tenían, desde un buen grito de aliento, hasta aquellos que de plano me asombraron, con cajas de pizzas y vasitos con cerveza para los desvelados que me arrancaron muchas sonrisas. Las familias con los niños “regalando” fuerza con sus cartulinas, los que salieron con gomitas de azúcar especialmente embolsadas para la ocasión y durante el recorrido otros con paletas de dulce, naranjas, limones, “cocas” de dieta y normales, en fin, cada quien participó como quiso en un evento para el que no hace falta invitación, sino que se invita quien quiere ser parte del festejo, un festejo que es imposible ignorar. Felicidades a todos los que se involucraron de manera voluntaria o involuntaria, pero sobretodo, al que dirige la orquesta y que casi nunca es reconocido por su labor como se debería, Horacio de la Vega, titular del deporte de la Ciudad.

Y allá en Las Vegas. La vergüenza. O la desvergüenza… El deshonor, el engaño, la desfachatez. Un Floyd Mayweather Junior de pena, ante un rival que ni siquiera merece ese calificativo. Connor Mc Gregor fue una caricatura de boxeador y tan poco profesional que perdió porque que se cansó, porque yo creo que el aire que hacían los brazos del norteamericano, alguna vez el mejor boxeador de su generación, no pudieron hacerle ningún daño.

¿Qué méritos tuvo Mc Gregor para enfrentar a Mayweather? Ser un bocón. Decirle al “Pretty Boy” (no el “Money” como le gusta que le digan) que es “un” gallina. Y con eso se ganó en un pleito presumiblemente arreglado sólo para ganar dinero, lo suficiente para heredarle a sus hijos y nietos. Aunque mucha gente, en su desesperación por ser parte del asunto, se haya involucrado en un espectacular fraude mediático donde fue evidente, siempre, que no habría un combate de boxeo, sino un triste espectáculo circense, carente de cualquier emoción deportiva y que sólo el morbo pudo convertir en un suceso. Olvidable, eso sí… Pobrecito boxeo… Pobrecito…

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