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Enfrentará Rusia a sus “demonios” vestidos de invasores extranjeros

AP

Alarmantes estadísticas han mostrado que la recomposición de las expectativas de vida tras la Segunda Guerra Mundial que incrementaron en la Unión Soviética de 32 a 64 años en poco menos de tres décadas, fueron severamente afectada tras la caída del Muro de Berlín, ya que los cambios económicos y sociales hicieron que los esfuerzos por erradicar el alcoholismo perdieran su efectividad.

La teoría de la negación no es exclusiva de los funcionarios gubernamentales de nuestro país. Rusia, a lo largo de su historia desarrolló el arte de representar ante el mundo sus propias novelas e historias locales como motivo de orgullo nacional. Y aunque casi nadie se las creía, durante, al menos los más de 50 años que corrieron desde la conclusión de la Segunda Guerra Mundial hasta la caída del Muro de Berlín, siguieron insistiendo en que los malos, siempre, eran los norteamericanos.

Rusia ha empezado ya a recibir con semanas y en algunos casos meses de anticipación, a muchos de los casi un millón de personas que, por diferentes motivos relacionados con el Mundial, pasarán desde unos cuantos días hasta semanas o incluso meses en su territorio. Muchos de ellos llegan de naciones famosas más por la negativa personalidad de sus habitantes, que por ser un modelo revolucionario y positivo que deje grandes experiencias a los también, casi un millón de rusos conectados con el evento deportivo más importante de la historia.

El anfitrión de la Copa del Mundo tiene una larga tradición que lo relaciona con el elevado consumo de bebidas alcohólicas, lo que ha sido un problema de estado durante más de dos siglos, desde que los zares impulsaron el consumo de vodka a fin de generar ingresos al estado mediante el pago de impuestos, tanto por la venta de esta bebida, como por el establecimiento de decenas de miles de tabernas a lo largo y ancho del Imperio Ruso.

El vodka generó que casi el 80% de los adultos y un porcentaje menos dramático pero cercano al 40% de los adolescentes, se convirtieran, sino en alcohólicos, si al menos en grandes consumidores del producto nacional. Este “producto nacional” alcanzó tal fama a nivel internacional, que parte del éxito económico obtenido por Rusia a principios del siglo pasado, se debió precisamente a eso, a la exportación de cientos de decenas de miles de barricas a prácticamente todo el mundo occidental y el Continente Asiático, pasando por supuesto por naciones americanas como Estados Unidos (principalmente, en cuyo mercado negro no sólo se consumía el whisky, sino el vodka llegado precisamente de Europa a los inmigrantes rusos en la Unión Americana) e incluso México.

Sin embargo a las alarmantes estadísticas, reveladas por el investigador ruso Vladimir M. Shkolnikov, han mostrado que la recomposición de las expectativas de vida tras la Segunda Guerra Mundial que incrementaron en la Unión Soviética de 32 a 64 años en poco menos de tres décadas, fue severamente afectada tras la caída del Muro de Berlín, ya que los cambios económicos y sociales hicieron que los esfuerzos por erradicar el alcoholismo que habían rendido frutos mediante campañas encabezadas por organizaciones como la All Union Voluntary Society for Sobriety que alcanzó más de 10 millones de miembros en su primer año de vida, perdieran su efectividad ante el brutal cambio económico vivido en las diferentes naciones de la disuelta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Esas estadísticas hablan de que, a partir de 1990, el número de muertes en el país, relacionadas con accidentes donde estuvo involucrado el alcohol subieron casi un 50% y aunque se ha recurrido a todo tipo de estrategias, en los últimos cinco años más de una tercera parte de las muertes de varones rusos menos a los 50 años, tuvieron que ver con enfermedades relacionadas con bebidas alcohólicas.

EL CAMBIO. Rusia pretende entregar una imagen mejorada de lo que es este país luego de los 38 años que han pasado desde los Juegos Olímpicos de Rusia, sin embargo, el mercado negro de bebidas alcohólicas, la discriminación por razones de preferencias sexuales y otros problemas, serán difíciles de cubrir ante los millones de ojos de visitantes, turistas y deportistas que visitarán el país.

La herencia del Imperio Ruso, que se extendió desde 1971 hasta que desapareció oficialmente hace un Siglo con la Revolución de 1917, las costumbres de los Zares y sus súbditos, la intolerancia racial y un sistema económico, el socialista-comunista, que arrebató durante décadas no sólo los derechos humanos, sino millones de vidas, no pueden así nada más desaparecer por que el presidente Vladimir Putin y su gabinete, hayan hecho el descomunal gasto que implicó la realización del Mundial, atizado además, por el escándalo de corrupción en las FIFA, que dejó al descubierto que muy probablemente el gobierno ruso sobornó a decenas de miembros del organismo para junto con Qatar, ser designado organizador del Mundial que inicia dentro de una semana.

Esos cientos de miles de personas que llegan a Rusia tienen religiones, costumbres e ideas diferentes y sí, muchos llegarán con la idea de consumir esas bebidas embriagantes tan famosas internacionalmente, aunque, acá en México, sepamos que Rusia tiene, por ejemplo, el Ballet Bolshoi, y que en su teatro, fue premiado un mexicano, Isaac Hernández, como el mejor bailarín de ballet del mundo, un joven que alguna vez ya fuera dirigido en escena por el mítico bailarín ruso Mikhail Baryshnikov.