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Eeeeeee…. ¡Que saquen las cucharas!

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EDGAR VALERO BERROSPE EN MOSCU

Parece ser que en Rusia han encontrado una forma más evolucionada y menos racista para divertirse en las tribunas que la que usan los mexicanos. El sonido de las cucharas de madera podría no ser tan agradable, pero es menos comprometedor.

Los famosos cánticos en el estadio ya son algo rudimentario. Casi prehistórico. De pronto sí, en algún estadio por ahí se canta. El “Cielito lindo” también se ha convertido en una cosa del pasado y el grito aquel del “ooeeee oeeee oeeee”, pues ya que le digo… Si quedaban vestigios de esas costumbres, fueron sepultadas por el ensordecedor sonido de las famosas “vuvuzelas” en Sudáfrica, de las que se vendieron miles, pero que seguro han de quedar casi ninguna.

Los rusos quieren también hacer ruido y quizá sea por eso que buscando entre las milenarias tradiciones de este país, se ha llegado a la unánime conclusión que ocupar las tradicionales cucharas de madera, cuyo origen data de cientos de años atrás, puede provocar un sonido

típico, muy identificado con el país, y que con un poco de suerte, si se les manipula correctamente, pueden llegar a generar un sonido, “hasta” agradable, así, con ese “hasta”.

El que ese “hasta” se convierta en una posibilidad requerirá que los miles de aficionados que acudirán a los partidos y que opten por comprar este instrumento, que es, de hecho, eso, una cuchara de madera, bueno, un par de ellas para chocarlas, logren acompasar un ritmo más o menos parejo, lo cual es entendible que resulte difícil, pero que de no lograrse, amenaza con convertirse en un escándalo monumental que sonará más fuerte que las propias porras y gritos en

los estadios.

De acuerdo con gente de este país, estas cucharas son algo tradicional que se ocupó por generaciones en la antigua Rusia y que fueron fabricadas en su momento con diferentes tipos de madera, y aunque no hay antecedentes de la fecha en que pudieron haberse comenzado a

ocupar como instrumentos musicales, se habla de que al menos unos seis o siete siglos atrás, ya se les usaba también con ese fin.

Claro que el sonido depende de la madera que se ocupe, normalmente se hacen de roble o maple y eso da una tonalidad diferente. Mientras se buscaba algún instrumento para que los aficionados pudieran producir algún tipo de sonido típico para el Mundial, se determinó que los instrumentos de viento no serían adecuados porque lo primero que vendría a la memoria serían las vuvuzelas sudafricanas.

Las opciones fueron muchas, pues Rusia tiene una profunda tradición musical, pero tampoco era adecuado que se acudiera con balalaikas o acordeones al estadio por su tamaño, o algunos otros de cuerdas como el címbalo o el guslí, y en su momento incluso se sugirió que las cucharas fueran parte de la simbología que se usaría en Rusia 2018.

En los últimos años, más que como un instrumento musical, las cucharas se han convertido en un tradicional souvenir para los turistas quienes difícilmente llegan a dominar el arte de golpearlas para producir algo medianamente rítmico.

Las cucharas que se comercializan en estos días se han empezado a asociar con la palabra “Victoria” en español, pues se venden con un mango en forma de “v” y ya se les llama las “Cucharas de la Victoria”. Esta sería entonces, una opción rusa para hacer ruido en el momento

correcto, mucho más propio que el famoso grito que ya ha puesto contra las cuerdas a la Selección Mexicana y a sus “por demás” entusiastas aficionados.