web analytics


RC Deportes

Canta el Cielito Lindo un México desconocido

AP

EDGAR VALERO BERROSPE EN MOSCÚ

La Selección Mexicana de Futbol dio el golpe más sonoro de su historia en las Copas del Mundo, al imponerse 1-0 al campeón mundial Alemania con tanto que fue una joya de combinación iniciada por Carlos Vela quien conectó con el “Chicharito” Hernández que a su vez cedió al Chucky Lozano que hizo su diablura venciendo a Manuel Neuer.

Sí queríamos razones para que el Mundial de Rusia valiera la pena, y que las decenas de miles mexicanos que hicieron el viaje hasta estas tierras se sintieran retribuidos, pues ya pasó todo y en el mismísimo debut del Tri, que con un gol de Hirving Lozano quien cerró una jugada iniciada por Carlos Vela y continuada por Javier Hernández en uno de los múltiples contragolpes que tuvo México ante el campeón del mundo, Alemania, selló el improbable destino del cuadro mexicano en el majestuoso Estadio Luzhniki, atiborado en sus 82 mil localidades, las más, consumidas por aficionados mexicanos.

Según millones de mexicanos, varios de los mencionados contragolpes debieron haber terminado en goles, como el de CH14 o el de Miguel Layún, pero no, sólo fue 1-0, pero fue suficiente para romper una maldición de más de 40 años que nos condenaba a que, cada vez que enfrentamos a los teutones, el resultado, aunque fuera por diferentes caminos, siempre terminaba igual, con la victoria de Alemania.

Pero ayer no. El duelo en el Estadio Luzhniki en ningún momento, dio la impresión, bueno en un par de ocasiones sí, que estaban jugando México y el campeón mundial Alemania, como en Argentina 78 y la goleada, o en Monterrey en los penales del 86, o en Montpellier en Francia 98, o en Nuremberg en la Copa Confederaciones del 2005 o la del año pasado en Sochi. Esta vez, México, el que juega como nunca y pierde como siempre, jugó como nunca y ganó como nunca…

Esta vez no hubo experimentos, siete recurrentes titulares salieron a la cancha a tomar revancha de las humillaciones de hace dos años ante Chile y el año pasado ante los jóvenes teutones. Ochoa, Layún, Moreno, Herrera, Guardado, Vela y Chicharito, siete de los ocho que nunca ha querido reconocer Juan Carlos Osorio, pero que ahí están como inamovibles a la hora de la verdad, esta vez hicieron trizas cualquier previsión de Joachim Löw.

A pesar de que Alemania tuvo la posesión, los pases, la exactitud, los remates, a pesar de que fueron los que corrieron más, la inesperada estrategia de ceder el balón y tomarlos mal parados fue veneno puro para los campeones mundiales, que recordarán, siempre, que su debut en Rusia fue pagando el precio de la historia a un equipo mexicano que jugó casi a la perfección, sin errores, sin equivocaciones (bueno, casi), y que sólo porque no andaban finos de puntería Layún o Javier Hernández, o de otra forma no sólo estaríamos hablando de una victoria, sino de una goleada histórica a uno de los más poderosos equipos de que se tenga memoria.

México supo controlar en media cancha antes de que Alemania a base de una tenaz insistencia finalmente pudiera acceder a la última línea de defensa del Tri en la parte final del partido. Pero mientras eso sucedía, y mientras el aire le alcanzó a Lozano, Vela, Guardado, Chicharito, Layún y Herrera, aquello fue una pesadilla para los contenciones alemanes, pues ni Kroos, ni Ozil, menos Khedira o Draxler, o cualquiera que estuviera a medio camino al despertar de los ataques mexicanos, pudo frenar la oleada de ataques de los de Juan Carlos Osorio, inspirados en el desborde, acelerados en la cesión del balón, pero de muchas, una, sólo una era necesaria.

Y así fue. Cuando ya CH14 había dudado con un servicio magistral al corazón del área, o cuando el Chucky la había volado, o cuando Layún no la alcanzó o Guardado cedió demasiado fuerte, empezó a correr ese minuto 35, cuyos 60 segundos serán recordados por generaciones de aficionados al futbol en nuestro país.

Justo en ese momento, entre las 6:35 y las 6:36 de la tarde, nació, maduró y se consumó la jugada entre tres referentes del futbol mexicano actual, Vela Chicharo y Lozano,, que terminó con décadas (y no exagero) de frustraciones, con décadas de tener que darle la razón a Gary Linecker de que el futbol es un juego de once contra once donde todos corren atrás de un balón y al final siempre gana Alemania, el final de la historia dirá, según el Tri, y al final, casi siempre gana Alemania.

Claro que la historia no estaría bien contada, ni completa, como me sucedió ayer en el Argentina-Islandia, sino mencionara la impresionante y espectacular atajada de Guillermo Ochoa, convertido de nuevo en Súper Guillermo Ochoa, quien ya le podrá contar a sus hijos y a sus nietos que ni Brasil en el 2014, ni Alemania en el 2018, pudieron horadar su meta. Si no hubiera sido por Paco Memo, el gozo habría durado apenas tres minutos y la historia no hubiera tenido un final de telenovela como el que vivimos, sino hubiese sido, tal vez, sólo un final feliz. No sé si hubiera sido suficiente, pero al menos, hubiera caído, de cualquier forma, fuera del pronóstico de una derrota controlada como la que esperaba Juan Carlos Osorio.

Mención aparte merece el hecho de que al minuto 72, el capitán Andrés Guardado que dio un partidazo, salió para dar paso y entregarle el gafete a Rafa Márquez, quien se convirtió en el segundo jugador mexicano en la historia en jugar en cinco Copas del Mundo diferentes, hecho que fue reconocido por la delirante afición azteca con una doble ovación, para el capitán saliente y para el entrante.

De lo poco discutible que sucedió durante el partido, donde era evidente que había más mexicanos que alemanes, ¡es que apareció el grito de “Puuuuuto…!”, no sé cuántas veces fue, no las conté o no estaba tan metido en lo que se vivía en la tribuna como en lo que pasaba en el terreno de juego… Pero de que le gritaron “puto” a Manuel Neuer, eso nadie lo puede negar, y que tal vez haya una sanción de la FIFA, no lo dudaría.

Pero es que después del “Cielito Lindo”, del “Ole, oooole”, del “¿En dónde están?, ¿en dónde están?, los pinches alemanes que nos iban a ganar”, y el “sí se puede” , ya no había más coros disponibles y la extasiada afición mexicana recurrió a su más reciente grito de guerra para divertirse, cuando lo normal es que en los partidos contra Alemania nadie se divierte, todo es sufrimiento, y hubo algo de eso casi al final del partido, pero finalmente ayer no… Ayer no…

Default