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RC Deportes

Pacto de caballeros: La pesadilla del futbolista mexicano

La historia del Pacto de Caballeros” ha perjudicado a cientos de futbolistas en el balompie mexicano.

El caso del defensa Osvaldo Alanís, es el último, que hasta ahora, ha pasado al dominio público. Sin embargo, la lista es larga de aquellos jugadores que han terminado contrato y han firmado con equipos del extranjero, por derecho de FIFA, pero volver les ha costado mucho trabajo al exigir, su último club en la Liga MX, una indemnización a quien quiera contratarlos nuevamente en México.

Una práctica común, aseguró el portero de León Carlos Felipe Rodríguez.

“…esto es algo del futbol mexicano que estamos así y a mí me tocó estar, incluso varias veces, en otro equipo donde terminaba el contrato y, sin embargo, no era libre, no pude elegir, tenía muchas veces que acatar lo que te dijeran. De ganar lo que ellos te imponían…”

Entre los casos más sonados están el de Gerardo Torrado que en 2000 terminó contrato con los Pumas de l UNAM para contratarse con el Tenerife de la segunda división de España sin cobrar un solo quinto por su traspaso el club felino. Cruz azul tuvo que pagar al cuadro del pedregal en 2005 derechos de formación para poder repatriarlo.

Aarón Galindo, de igual manera, dejó las filas de Cruz azul en 2006 para firmar con el Hércules de España. La directiva celeste pretendió boicotear su carrera solicitando a la Federación Mexicana negarle el pase internacional, recurso desechado por FIFA que obligó a la Femexfut a cederlo. Al regresar a México, Guadalajara tuvo que pagar a Cruz azul para que este le permitiera jugar de nueva cuenta en nuestro país.

Omar Bravo se fue de Chivas sin que el Deportivo de la Coruña le pagara un solo quinto al rebaño sagrado. Al volver a México, los Tigres de la UANL requirieron el permiso de Guadalajara por el “Pacto de Caballeros”.

Carlos Felipe Rodríguez menciona que muchos casos han pasado desapercibidos a la opinión pública.

“…muchas veces, quizá, no salía a la luz o no se hacía tan grande por el hecho de que no había la asociación de futbolistas. Entonces, eso no pasaba a mayor y muchas veces el futbolista quedaba congelado…”

Como fue el caso de Francisco Fonseca a su regreso de Portugal. Tigres le coartó gran parte de su carrera a consecuencia de su salida de Cruz azul sin que la Máquina recibiera un solo peso del Benfica.

Arturo Albarrán jugó en el exilio en El Salvador al no querer renovar con el Atlético Mexiquense, Bardo Fierros no aceptó la orden del presidente de los Potros de Hierro del Atlante José Antonio García de ir a jugar con los Correcaminos de la UAT y prefirió contratarse con Talleres de Córdoba de Argentina. Esto le costó un veto de varios años antes de volver al Mérida de la Liga de Ascenso MX.

Carlos Felipe Rodríguez asegura que el jugador siempre debe ceder.

“…muchas veces se llegaba a un acuerdo con una disminución en el salario o con otro tipo de consecuencias…”

Alan Pulido vivió un largo proceso legal contra los Tigres de la UANL que pretendían cumpliera un supuesto contrato vigente, situación que nunca se comprobó y Pulido pudo jugar con el Olympiakos de Grecia.

Finalmente, otro futbolista afectado por dicho “Pacto”, fue el fallecido Antonio de Nigris, quien deambuló por varios equipos en el extranjero ante la imposibilidad de volver a México pues Monterrey pretendía cobrar mucho dinero por permitirle contratarse con otro conjunto azteca. El “Pacto de Caballeros” le impidió volver a jugar en México pues murió en 2009.

En noviembre de 2013 la entonces diputada federal Claudia Delgadillo González aseguró que dicho acuerdo, no escrito, viviría sus últimas horas pues promovió la modificación al artículo 295 de la Ley Federal del Trabajo donde se impedía a los dueños de equipos, como empresa, coartar o restringir, al momento de la terminación del contrato con un jugador, la libertad que tiene este de ser contratado por otro club, pero todo quedó en palabras.

Es decir, dicha práctica, única  en el mundo, se mantendrá en la Liga MX hasta que los jugadores, como gremio, no hagan verdaderamente sentir su peso ante los dueños del balón a quienes no les importa ser señalados por este abuso que, a pesar de ser injusto, no termina de considerarse ilegal pues no hay ninguna ley que les impida ponerlo en práctica cada vez que sus intereses se ven afectados.

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