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RC Deportes

Ahora las barras amenazan

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Hace tiempo en este mismo espacio manifesté mi desacuerdo con las barras del fútbol mexicano y su forma de manejarse, ya que en muchas ocasiones maquillan violencia, alcoholismo y drogadicción con apoyo y colorido en las tribunas.

El estadio que más he visitado es el Olímpico Universitario para ver a los Pumas, aproximadamente desde 1988, los ví campeones en la 90-91 acompañado de una pequeña bandera, que a la fecha conservo y que, por cuestiones de seguridad, jamás ha regresado a estadio alguno.

Impresionante el ondear de la mía y de miles de banderas más cuando Ricardo Ferretti, marcó el gol de ese título, nadie puede negar que ese era también colorido. Vi como de la porra Plus se desprendió lo que ahora se conoce como rebel. Me tocó la hostilidad del primer juego que transmitió Televisa desde CU, ante el descontento de la tribuna, siempre crítica, siempre brava y siempre fiel.

En estos tiempos los que dominan son las barras, increíble que uno llegue a CU y sea revisado como delincuente, que no puedas ingresar con un cinturón, por más delgado que sea, que no puedas ingresar una cajetilla de cigarros, ni con un encendedor o cerillos, mientras que en la tribuna de enfrente, en la del pebetero, se puede percibir el olor a marihuana, hay banderas al por mayor, baquetas para los tambores y trompetas que también pueden ser utilizadas como armas, en una verdadera injusticia para el resto de la afición que también paga un boleto.

Pero lo más preocupante es que estos barristas, aficionados, seguidores o lo que sean, tengan ya el descaro a ir amenazar a los jugadores a su centro de trabajo, otra vez, disfrazados de mártires que sufren y se les va la vida por el mal paso del equipo.

Nadie que se diga aficionado de Pumas está contento por lo que ha sido este 2017, los errores se han dado en cantidades industriales, pero de ahí a presentarse a los campos de entrenamiento a insultar y amenazar a los protagonistas, insisto es de preocuparse, sobre todo porque se abre una ventana más de violencia, generada por estos grupos.

El rosario de reclamos e insultos es impresionante sin que JoséCarlos Van Rankin, Jesús Gallardo o David Cabrera, hagan algo o pidan respeto.

La afición por un equipo es voluntad propia, por tradición, por gusto y por cientos de razones más, lo mismo que ir a un estadio de local o visitante y siempre será molesto verlos perder, arrastrar las piernas, no defender la camiseta como uno considera correcto, pero de ahí a las amenazas, es demasiado.

Afición es eso, sufrir y gozar de los triunfos y las derrotas, criticar, defender ante los demás los colores, no ha golpes sino con argumentos, lo demás, como el caso de muchos barristas de los equipos es negocio y fanatismo.

Por cierto el 90 por ciento de las vivencias en CU han sido al lado de mis grandes amigos Julio y Gabriel Vaillard Thomas a los cuales les mando un fuerte abrazo en estos momentos tan difíciles.

Te espero en @jromerogrc

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